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Carta Humanitaria y normas mínimas para la respuesta humanitaria


3. Tratamiento de la malnutrición aguda y las carencias de micronutrientes

La malnutrición aguda y las carencias de micronutrientes están asociadas a un riesgo mayor de morbilidad y mortalidad en las personas afectadas. Por consiguiente, cuando la prevalencia o los riesgos son elevados, es necesario asegurar el acceso a los servicios que permitan corregir y prevenir la desnutrición. Los efectos de esos servicios se verán considerablemente reducidos si no se resuelven al mismo tiempo las causas de la desnutrición mediante otras respuestas en el ámbito de la salud, el abastecimiento de agua, el saneamiento, la promoción de la higiene, las distribuciones de alimentos y la seguridad alimentaria.

La malnutrición aguda moderada se puede tratar de varias maneras. En situaciones de desastre, la alimentación suplementaria suele ser la primera estrategia destinada a prevenir y tratar la malnutrición aguda moderada y prevenir la malnutrición aguda grave. Puede ser una cobertura general o selectiva dependiendo del nivel de malnutrición aguda, los grupos de población vulnerables y el riesgo de un agravamiento de la situación. Los indicadores de la norma 1 sobre tratamiento de la malnutrición aguda y las carencias de micronutrientes se refieren esencialmente a la alimentación suplementaria selectiva. Si bien no existen indicadores definidos del impacto en relación con la alimentación suplementaria general, el seguimiento de la cobertura de la respuesta, su aceptabilidad y los tipos de ración alimentaria son aspectos importantes.

La malnutrición aguda grave se trata mediante cuidados terapéuticos que pueden prestarse según diversos métodos. Cuando las condiciones lo permiten, debe preferirse el manejo comunitario de la malnutrición aguda. Los programas de lucha contra la malnutrición aguda grave deben abarcar la movilización comunitaria (que incluye la comunicación eficaz, la detección activa de casos, la derivación y el seguirmiento), el tratamiento ambulatorio de los casos de malnutrición aguda grave sin complicaciones médicas y la hospitalización de los casos que presentan complicaciones y de los niños pequeños.

En muchas situaciones, es difícil detectar las carencias de micronutrientes. Si bien resulta muy fácil diagnosticar los signos clínicos de las carencias graves, la carga más pesada que supone para la salud y la supervivencia de la población se debe a carencias subclínicas. Si se conoce la prevalencia de las carencias de micronutrientes en una población determinada, cabe suponer que éstas se verán exacerbadas por el desastre. Por lo tanto, es indispensable ocuparse de ello mediante respuestas a escala de la población y tratamientos individuales.