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Carta Humanitaria y normas mínimas para la respuesta humanitaria


Introducción

Relación con la Carta Humanitaria y el derecho internacional


Las normas mínimas sobre abastecimiento de agua, saneamiento y promoción de la higiene son una expresión concreta de las convicciones y los compromisos que comparten las organizaciones humanitarias, así como de los principios comunes, enunciados en la Carta Humanitaria, por los que se rige su acción. Fundados en el principio de humanidad y consagrados en el derecho internacional, dichos principios abarcan el derecho a vivir con dignidad, el derecho a la protección y a la seguridad, y el derecho a recibir asistencia humanitaria según las necesidades. En el anexo 1 figuran, a modo de referencia, una lista de documentos jurídicos y normativos fundamentales, en los que se sustenta la Carta Humanitaria, así como comentarios explicativos destinados a todo el personal humanitario.


Aunque son principalmente los Estados los que deben garantizar el cumplimiento de los derechos arriba enunciados, las organizaciones humanitarias tienen la responsabilidad de trabajar con las poblaciones afectadas por un desastre de manera que se respeten esos derechos. De esos derechos de alcance general se derivan varios otros más específicos, como el derecho a la participación, el derecho a la información y el derecho a la no discriminación, los cuales constituyen la base de las normas esenciales, así como los derechos específicos al agua, al saneamiento, a la alimentación, a la vivienda y a la salud, en los que se sustentan estas normas esenciales y las normas mínimas contenidas en el presente Manual.


Toda persona tiene derecho al agua y al saneamiento. Este derecho, reconocido en los instrumentos jurídicos internacionales, permite el acceso al agua en cantidad suficiente, agua que ha de ser salubre, aceptable, físicamente accesible y barata para el uso personal y doméstico, y para instalaciones sanitarias accesibles. Es necesario disponer de una cantidad adecuada de agua salubre para prevenir la muerte por deshidratación, reducir el riesgo de contraer enfermedades relacionadas con el agua y satisfacer las necesidades relativas al consumo, la cocina y la higiene personal y doméstica.


El derecho al agua y al saneamiento está estrechamente vinculado con otros derechos humanos, como el derecho a la salud, el derecho a la vivienda y el derecho a una alimentación adecuada. Por ello, forma parte de las garantías esenciales para la supervivencia de los seres humanos. Incumbe a los Estados y a los actores no estatales la responsabilidad de hacer efectivo el derecho al agua y al saneamiento. En tiempo de conflicto armado, por ejemplo, se prohíbe atacar, destruir, sustraer o inutilizar las instalaciones de agua potable o las obras de riego.

Las normas mínimas que figuran en este capítulo no son la expresión completa del derecho al agua y al saneamiento. Sin embargo, las normas de Esfera recogen lo esencial del derecho al agua y al saneamiento y contribuyen a la realización progresiva de este derecho en todo el mundo.


La importancia del abastecimiento de agua, el saneamiento y la promoción de la higiene en casos de desastre


El agua y el saneamiento son determinantes para la supervivencia en las fases iniciales de un desastre. Las personas afectadas por los desastres suelen estar mucho más expuestas a contraer enfermedades y a morir a causa de ellas. Las enfermedades están relacionadas en gran medida con un saneamiento y un suministro de agua inadecuados y la incapacidad de mantener buenas prácticas de higiene. De estas enfermedades las más importantes son las diarreicas y las infecciosas transmitidas por vía fecal-oral (véase el anexo 4: Enfermedades relacionadas con el agua y los excrementos y mecanismos de transmisión). Entre otras enfermedades vinculadas con el agua y el saneamiento figuran las transmitidas por vectores asociados con los desechos sólidos y el agua. En el manual Esfera, el término "saneamiento" se refiere a todo lo relativo a la evacuación de excrementos, la lucha antivectorial, la eliminación de desechos sólidos y el drenaje.


El principal objetivo de los programas de abastecimiento de agua, saneamiento y promoción de la higiene en casos de desastre es reducir la transmisión de las enfermedades propagadas por vía fecal-oral y la exposición a los vectores de enfermedades, mediante:

El simple hecho de proveer un número adecuado de instalaciones de abastecimiento de agua y saneamiento no bastará por sí solo para lograr una utilización óptima o el mejor efecto en la salud pública. Para alcanzar el máximo beneficio de la respuesta humanitaria, es imperativo garantizar que los afectados por el desastre dispongan de la información, los conocimientos y la comprensión necesarios para prevenir las enfermedades relacionadas con el agua y el saneamiento, y hacer que participen en la concepción y el mantenimiento de esas instalaciones.


Cuando utilizan las instalaciones comunitarias de agua y saneamiento, por ejemplo en los casos en que hay refugiados o personas desplazadas, las mujeres y las niñas están más expuestas a la violencia sexual y a otras formas de violencia basadas en el género. Para reducir al mínimo esos riesgos y ofrecer una respuesta de mejor calidad, es esencial garantizar la participación de las mujeres en los programas de abastecimiento de agua y saneamiento. La participación equitativa de mujeres y hombres en la planificación, la toma de decisiones y la gestión local contribuirá a asegurar que toda la población afectada tenga un acceso fácil y seguro a los servicios de abastecimiento de agua y saneamiento, y que estos servicios sean apropiados.

En situaciones de desastre, mientras mejor sea la preparación más eficaz será la respuesta en materia de salud pública. Esta preparación se obtiene gracias a las capacidades, las relaciones y los conocimientos que hayan podido desarrollar los gobiernos, las organizaciones humanitarias, las organizaciones locales de la sociedad civil, las comunidades y las personas para prever las situaciones y afrontar con eficacia los peligros probables e inminentes. La preparación se basa en un análisis de los riesgos y está estrechamente relacionada con los sistemas de alerta temprana. También, incluye la planificación de contingencia, la constitución de reservas de equipos y suministros, la prestación de servicios de emergencia, la concertación de acuerdos contingentes, la capacitación de personal y la capacitación en materia de planificación a nivel comunitario y los entrenamientos.


Relación con otros capítulos


Muchas de las normas enunciadas en los demás capítulos son útiles para el presente capítulo. Los progresos que se realicen para cumplir las normas en un ámbito específico suelen influir, e incluso determinar, los progresos en otros ámbitos. Para que la respuesta sea eficaz se requieren una coordinación y una colaboración estrechas con otros sectores. Es necesario también coordinar con las autoridades locales y con otras organizaciones participantes en la respuesta a fin de garantizar que las necesidades sean atendidas, no se dupliquen los esfuerzos y se optimice la calidad de las intervenciones en materia de agua y saneamiento.


Por ejemplo, cuando no se han respetado las normas en materia de nutrición, es más urgente mejorar la calidad de los servicios de abastecimiento de agua y saneamiento porque habrá aumentado significativamente la vulnerabilidad de las personas a contraer enfermedades. Lo mismo cabe decir de los grupos de población en los que se registra una elevada prevalencia de VIH y SIDA o en los que hay un gran número de personas de edad o con discapacidad. Las prioridades deben decidirse sobre la base de información fiable que se da a conocer entre los sectores a medida que evoluciona la situación. Si procede, se hará también referencia a las demás normas de apoyo o complementarias.

Relación con los principios de protección y las normas esenciales


Para cumplir las normas presentadas en este manual, todas las organizaciones humanitarias deben guiarse por los principios de protección, incluso si no tienen un mandato específico de protección ni son especialistas en la materia. Los principios no son absolutos: se admite que las circunstancias pueden limitar hasta qué punto las organizaciones pueden aplicarlos. Sin embargo, los principios de protección son el reflejo de preocupaciones humanitarias universales que deberían guiar la acción en todo momento.

Las normas esenciales son normas básicas relativas a los procesos y al personal comunes a todos los sectores. Las seis normas esenciales abarcan la respuesta humanitaria centrada en las personas; la coordinación y colaboración; la evaluación; el diseño y la respuesta; el desempeño, la transparencia y el aprendizaje; y el desempeño de los trabajadores humanitarios. Ofrecen un punto de referencia único para los enfoques que sustentan a todas las demás normas del manual. Por consiguiente para cada capítulo técnico hay que utilizar al mismo tiempo las normas esenciales que contribuirán a lograr el cumplimiento de las demás normas en él contenidas. En particular, para lograr que una respuesta sea apropiada y de calidad, será importante maximizar la participación de las personas afectadas por el desastre, incluidos los grupos y personas más expuestos al riesgo en casos de desastre.

Vulnerabilidades y capacidades de las poblaciones afectadas por un desastre


Esta sección está concebida para utilizarse juntamente con las normas esenciales y sirve para reforzarlas.

Es muy importante comprender que una persona no es más vulnerable ni está expuesta a un mayor riesgo meramente porque es joven, o de edad avanzada, porque es una mujer o una persona con discapacidad o que vive con el VIH. Es más bien la combinación de varios de esos factores lo que lleva a ese resultado. Así por ejemplo, una persona de más de 70 años que vive sola y no goza de buena salud, será sin duda más vulnerable que una persona de la misma edad y con el mismo estado de salud pero que vive rodeada por una familia numerosa y que tiene un ingreso suficiente. Análogamente, una niña de 3 años es mucho más vulnerable cuando no está acompañada que si estuviera cuidada por padres responsables.

En la medida en que se aplican las normas sobre abastecimiento de agua, saneamiento y promoción de la higiene y se implementan las acciones clave, el análisis de la vulnerabilidad y la capacidad permite asegurar que la respuesta en casos de desastre se dirige efectivamente a las personas que tienen derecho a una asistencia sin discriminación y que más lo necesitan. Para ello, se precisa una comprensión cabal del contexto local y de la manera en que una determinada crisis afecta de diferentes formas a grupos específicos de personas a causa de vulnerabilidades ya existentes (por ejemplo en una situación de pobreza extrema o de discriminación), el hecho de verse expuestos a diversas amenazas contra su seguridad (por ejemplo, la violencia de género, como la explotación sexual), la incidencia o prevalencia de enfermedades (por ejemplo, el VIH o la tuberculosis), y los riesgos de epidemias (por ejemplo el sarampión o el cólera). Los desastres pueden agravar las disparidades que ya existían. Por ello, es esencial preconizar las estrategias que permiten a las personas hacer frente a una situación, y potenciar su resiliencia y su recuperación. Asimismo, es necesario promover y reforzar sus conocimientos, competencias y estrategias, reforzar su acceso a los servicios de apoyo social, jurídico, financiero y psicosocial, así como ayudarlas a salvar los diversos obstáculos físicos, culturales, económicos y sociales con los que pueden tropezar al buscar un acceso equitativo a dichos servicios.

A continuación se mencionan algunas de las medidas más importantes que deben adoptarse para poder garantizar que los derechos y las capacidades de todas las personas vulnerables se tengan debidamente en cuenta.