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Carta Humanitaria y normas mínimas para la respuesta humanitaria


Introducción

Relación con la Carta Humanitaria y el derecho internacional

Las normas mínimas sobre alojamiento, asentamientos y artículos no alimentarios son una expresión concreta de las convicciones y los compromisos que comparten las organizaciones humanitarias, así como de los principios comunes por los que se rige su acción, tal como se enuncian en la Carta Humanitaria y en el Código de conducta relativo al socorro en casos de desastre para el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y las organizaciones no gubernamentales. Fundados en el principio de humanidad y consagrados en el derecho internacional, dichos principios abarcan el derecho a vivir con dignidad, el derecho a la protección y a la seguridad, y el derecho a recibir asistencia humanitaria según las necesidades. En el anexo 1 figura una lista de documentos jurídicos y de política en los que se fundamenta la Carta Humanitaria, con comentarios explicativos destinados a todo el personal humanitario. En las respuestas humanitarias, el alojamiento, los asentamientos y los artículos no alimentarios relacionados con ellos son nociones conocidas inherentes al ámbito de aplicación del derecho a una vivienda adecuada, según lo establecido en el derecho de los derechos humanos.


Toda persona tiene derecho a una vivienda adecuada. Este derecho es reconocido en los principales instrumentos jurídicos internacionales (véase la sección Referencias y lecturas complementarias: instrumentos jurídicos internacionales). Además, incluye el derecho a vivir en condiciones de seguridad, en paz, con dignidad y con la certeza de derechos de propiedad, así como amparados por el derecho de protección ante los desalojos forzosos y por el derecho a la restitución. En los instrumentos jurídicos se entiende por vivienda adecuada:

Las normas mínimas enunciadas en el presente capítulo no constituyen la expresión plena del derecho a una vivienda adecuada, tal como se define en los instrumentos jurídicos internacionales pertinentes, sino que recogen más bien lo esencial de ese derecho y contribuyen a su realización progresiva en todo el mundo.


La importancia del alojamiento, de los asentamientos humanos y de los artículos no alimentarios en casos de desastre


El alojamiento es un factor determinante indispensable para la supervivencia en las fases iniciales de un desastre. Más de allá de la supervivencia, el alojamiento es necesario para garantizar la seguridad personal y la protección contra las condiciones climáticas, así como para fomentar la resistencia ante los problemas de salud y las enfermedades. Es importante también para la dignidad humana, para mantener la vida familiar y comunitaria y permitir a la población afectada recuperarse de las consecuencias del desastre. Las respuestas relacionadas con el alojamiento y las respuestas asociadas a ellas en materia de asentamientos y artículos no alimentarios deben apoyar las estrategias para superar la adversidad y promover la autosuficiencia y la autogestión entre la población afectada por el desastre. Es necesario sacar aprovechar al máximo las competencias y recursos locales siempre y cuando ello no vaya en menoscabo de la población afectada o de la economía local. Toda respuesta debe tener en cuenta los riesgos de desastre conocidos y minimizar los efectos negativos a largo plazo en el medio ambiente, optimizando al mismo tiempo las oportunidades para que la población afectada mantenga o establezca actividades de apoyo a los medios de subsistencia.


La comodidad térmica, la protección contra los rigores del clima, así como la seguridad y la dignidad de las personas pueden lograrse solamente si se satisface un conjunto de necesidades individuales, relacionadas con el espacio vital cubierto y su ubicación. Del mismo modo, a fin de atender a estas necesidades es preciso disponer de los diversos medios apropiados para preparar, cocinar y consumir los alimentos; de prendas de vestir y ropa de cama; de zonas cubiertas o alojamientos adecuados; de un medio para calentar y ventilar el espacio vital, según sea necesario, así como de acceso a los servicios esenciales.

Las necesidades en materia de alojamiento, asentamientos humanos y artículos no alimentarios de la población afectada por un desastre dependen de la índole y la magnitud del desastre, así como de la medida en que esta población resulte desplazada. La respuesta ha de ajustarse también a la capacidad y al deseo de las personas desplazadas para regresar a su lugar de origen y emprender el proceso de recuperación: cuando no pueden o no desean volver a sus hogares, requerirán soluciones de alojamiento y asentamientos provisionales (véase el diagrama más abajo). La acción debe basarse en el contexto local donde ocurre el desastre, especialmente dependerá de si la zona afectada es rural o urbana, cuáles son las condiciones climáticas y medioambientales del lugar, cuál es la situación política y de seguridad, y cuál es la capacidad de la población afectada para contribuir a satisfacer sus propias necesidades de alojamiento.

En condiciones climáticas extremas, donde el alojamiento es un factor indispensable para la supervivencia o tras un desplazamiento de población, puede ocurrir que las personas afectadas no estén en condiciones de construir viviendas apropiadas por lo que será necesario hallar rápidamente soluciones de alojamiento alternativas como por ejemplo el suministro de tiendas de campaña o la provisión de un alojamiento provisional en edificios públicos existentes. Las personas desplazadas también pueden alojarse con familias de acogida, o bien instalarse como familias individuales o grupos de familias en establecimientos ya existentes. También puede ocurrir que necesiten alojarse en campamentos planificados y administrados o en centros colectivos.

En la medida de lo posible, se ayudará a la población afectada a reparar o adaptar las viviendas existentes o construir nuevas estructuras. Esta ayuda puede consistir en el suministro de materiales de construcción apropiados, herramientas y accesorios, la entrega de dinero en efectivo o cupones, consejos o capacitación técnicos o una combinación de ambos elementos. Se debe prestar apoyo o asistencia técnica a la población afectada que no tiene la capacidad o los conocimientos técnicos necesarios para emprender actividades de construcción. Es primordial considerar también los derechos y las necesidades de las personas afectadas indirectamente por el desastre, tales como las comunidades vecinas que acogen a los desplazados. Cuando los edificios públicos, en particular las escuelas, se utilizan como lugares de alojamiento comunitario provisional, es menester emprender lo antes posible la reubicación segura planificada y administrada de las personas beneficiarias para que se puedan reanudar las actividades normales en dichos establecimientos.

En toda respuesta es imprescindible tener en cuenta las medidas que la población afectada tome para conseguir un alojamiento provisional o permanente utilizando sus propios recursos y capacidades. Las respuestas en materia de alojamiento deben permitir a las personas afectadas ir mejorando gradualmente su situación y/o pasar de una solución de alojamiento de emergencia a una solución de alojamiento duradera.

Tal vez sea necesario también reparar los edificios públicos dañados o proveer estructuras provisionales que sirvan de escuelas, centros sanitarios y otras instalaciones comunitarias. Para algunas poblaciones afectadas la protección de los medios de subsistencia, como el ganado, puede ser un complemento esencial del suministro de alojamiento. Toda respuesta debe tener en cuenta los riesgos y vulnerabilidades que conllevan el alojamiento y los asentamientos en relación con la ubicación, la planificación, el diseño y la construcción, incluidos los riesgos agravados por el desastre o debido al impacto ambiental. Es primordial tomar en consideración los efectos ambientales de los asentamientos y la construcción de alojamientos con el fin de minimizar las consecuencias a largo plazo del desastre.

Para mejorar las respuestas en materia de alojamiento, asentamientos y artículos no alimentarios es necesario mejorar la preparación. Esta preparación se obtiene gracias a las capacidades, las relaciones y los conocimientos que hayan podido desarrollar los gobiernos, las organizaciones humanitarias, las organizaciones locales de la sociedad civil, las comunidades y las personas para anticipar las situaciones y manejar con eficacia los peligros probables, inminentes o actuales. La preparación se basa en un análisis de los riesgos y el uso de los sistemas de alerta temprana.

 

Relación con otros capítulos

Muchas de las normas contenidas en los otros capítulos son útiles para el presente capítulo. Los progresos que se realicen para cumplir las normas en un ámbito suelen influir o incluso ser determinantes para los progresos en otros ámbitos. A fin de que las respuestas sean eficaces, son indispensables una coordinación y una colaboración estrechas con otros sectores. Por ejemplo, el abastecimiento de agua adecuado y la provisión de instalaciones de saneamiento permiten complementar la asistencia en el ámbito del alojamiento a fin de garantizar la salud y la dignidad de la población afectada. Del mismo modo, al proveer un alojamiento adecuado se está contribuyendo a la salud y al bienestar de las poblaciones desplazadas, mientras que para poder aprovechar la asistencia alimentaria y atender a las necesidades nutricionales se requieren utensilios esenciales de cocina y para la comida, así como combustible para cocinar. Es indispensable igualmente la coordinación con las autoridades locales, las organizaciones participantes en la respuesta, las entidades locales y los grupos representativos para que las necesidades sean atendidas, no se dupliquen los esfuerzos y sea óptima la calidad de las respuestas en materia de alojamiento, asentamientos y artículos no alimentarios.


Relación con los principios de protección y las normas esenciales


Para cumplir las normas presentadas en este manual, todas las organizaciones humanitarias deben guiarse por los principios de protección, incluso si no tienen un mandato específico de protección ni son especialistas en la materia. Los principios no son "absolutos": se admite que las circunstancias pueden limitar el grado de aplicación de ésta por parte de las organizaciones. Sin embargo, los principios de protección son el reflejo de preocupaciones humanitarias universales que deben guiar la acción en todo momento.


El proceso mediante el cual se desarrolla y se lleva a cabo una respuesta es determinante para su eficacia. Las seis normas esenciales son normas básicas, relativas a los procesos y al personal, comunes a todos los sectores y abarcan la respuesta humanitaria centrada en las personas; la coordinación y colaboración; la evaluación; el diseño y la respuesta; el desempeño, la transparencia y el aprendizaje; y el desempeño de los trabajadores humanitarios. Ofrecen un punto de referencia único para los enfoques que sustentan todas las demás normas del manual. Por consiguiente, para cada capítulo técnico hay que utilizar al mismo tiempo las normas esenciales que permitirán lograr el cumplimiento de las demás normas en él contenidas. En particular, para lograr que una respuesta sea apropiada y de calidad, será necesario maximizar la participación de las personas afectadas por el desastre, incluidos los grupos y personas más expuestos al riesgo en casos de desastre.

 

Vulnerabilidades y capacidades de las poblaciones afectadas por los desastres


Esta sección está concebida para utilizarse juntamente con las normas esenciales y sirve para reforzarlas.
Es muy importante comprender que una persona no es más vulnerable o no está expuesta a un mayor riesgo porque es joven o mayor de edad, porque es una mujer o una persona con discapacidad o que vive con el VIH. Es más bien la combinación de todos esos factores lo que lleva a ese resultado. Así por ejemplo, una persona de más de 70 años que vive sola y no goza de buena salud, será sin duda más vulnerable que una persona de la misma edad y con el mismo estado de salud pero que vive rodeada de una familia numerosa y tiene un ingreso suficiente. Asimismo, una pequeña de 3 años es mucho más vulnerable si no está acompañada que si estuviera al cuidado de padres responsables.

En la medida en que se aplican las normas sobre alojamiento, asentamientos y artículos no alimentarios y se implementan las acciones clave, el análisis de la vulnerabilidad y la capacidad permite asegurar que la respuesta en casos de desastre esté dirigida efectivamente a las personas que tienen derecho a una asistencia sin discriminación y que más lo necesitan. Para ello, se precisa una comprensión cabal del contexto local y de la manera en que una determinada crisis afecta de diferentes formas a grupos específicos de personas a causa de sus vulnerabilidades ya existentes (por ejemplo en una situación de pobreza extrema o de discriminación), el hecho de verse expuestos a diversas amenazas contra su seguridad (por ejemplo, la violencia basada en el género, como la explotación sexual), la incidencia o prevalencia de enfermedades (por ejemplo, el VIH o la tuberculosis), y los riesgos de epidemias (por ejemplo el sarampión o el cólera). Los desastres pueden agravar las disparidades que ya existían. Por ello, es esencial preconizar las estrategias que permiten a las personas afrontar una situación, y potenciar su resiliencia. Asimismo, es necesario promover y apoyar sus conocimientos, competencias y estrategias, reforzar su acceso a los servicios de apoyo social, jurídico, financiero y psicosocial, así como ayudarlas a salvar los diversos obstáculos físicos, culturales, económicos y sociales con los que pueden verse confrontadas al buscar un acceso equitativo a dichos servicios.

A continuación se mencionan algunas de las medidas más importantes que deben adoptarse para poder garantizar que los derechos y las capacidades de todas las personas vulnerables se tengan debidamente en cuenta.