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Carta Humanitaria y normas mínimas para la respuesta humanitaria


Introducción

Relación con la Carta Humanitaria y el derecho internacional

Las normas mínimas sobre las acciones de salud son una expresión concreta de las convicciones y los compromisos que comparten las organizaciones humanitarias, así como de los principios comunes, enunciados en la Carta Humanitaria, por los que se rige su acción. Fundados en el principio de humanidad y consagrados en el derecho internacional, dichos principios abarcan el derecho a vivir con dignidad, el derecho a la protección y a la seguridad, y el derecho a recibir asistencia humanitaria según las necesidades. En el anexo 1 figura una lista de documentos jurídicos y de política en los que se fundamenta la Carta Humanitaria, con comentarios explicativos destinados a todo el personal humanitario.

Aunque son principalmente los Estados los que deben garantizar el cumplimiento de los derechos arriba enunciados, las organizaciones humanitarias tienen la responsabilidad de trabajar con las poblaciones afectadas por un desastre de manera que se respeten esos derechos. De esos derechos de alcance general se derivan varios otros más específicos, como el derecho a la participación, el derecho a la información y el derecho a la no discriminación, así como los derechos específicos al agua, a la alimentación, a la vivienda y a la salud, en los que se sustentan las normas mínimas contenidas en el presente manual.

Toda persona tiene derecho a la salud, un derecho consagrado en una serie de instrumentos jurídicos internacionales. El derecho a la salud se puede garantizar solamente si la población está protegida, los profesionales responsables de los servicios de salud están debidamente capacitados y se adhieren a los principios éticos y normas profesionales universales, si el sistema en el cual trabajan está diseñado para cumplir con las normas mínimas requeridas y si el Estado tiene la voluntad y la capacidad para establecer y garantizar las condiciones de seguridad y estabilidad necesarias. En tiempos de conflicto armado, los hospitales e instalaciones sanitarias civiles no pueden bajo ninguna circunstancia ser objeto de ataques, y el personal médico y sanitario tiene derecho a ser protegido. Está prohibido llevar a cabo actos o actividades que pongan en peligro la neutralidad de las instalaciones de salud, como por ejemplo portar armas.

Las normas mínimas que figuran en este capítulo no son la expresión completa del derecho a la salud. Sin embargo, las normas de Esfera recogen lo esencial del derecho a la salud, en particular durante situaciones de emergencia, y contribuyen a la realización progresiva de este derecho en todo el mundo.

 

La importancia de la acción de salud en casos de desastre

El acceso a la atención de salud es un factor crucial para la supervivencia en las etapas iniciales de un desastre. Los desastres tienen casi siempre efectos significativos en la salud pública y en el bienestar de las poblaciones afectadas. Esos efectos pueden ser directos (por ejemplo, muerte a causa de la violencia o lesiones) o indirectos (como el aumento de las tasas de enfermedades infecciosas y/o la malnutrición). Estos efectos indirectos suelen estar relacionados con factores como la cantidad y calidad inadecuados del agua, la destrucción de las instalaciones de evacuación sanitaria, la interrupción o reducción del acceso a los servicios de salud y el deterioro de la situación de seguridad alimentaria. La falta de seguridad, las restricciones al movimiento, los desplazamientos forzosos y el deterioro de las condiciones de vida (hacinamiento y alojamiento inadecuado) también pueden constituir amenazas a la salud pública. El cambio climático puede aumentar la vulnerabilidad y el riesgo.

Los objetivos primordiales de la respuesta humanitaria en caso de crisis son prevenir y reducir la mortalidad y la morbilidad excesivas. De lo que se trata sobre todo es de mantener o reducir la tasa bruta de mortalidad y la tasa de mortalidad de los niños menores de 5 años a menos del doble de las tasas de referencia documentadas antes del desastre para los grupos de población en cuestión (véase el cuadro "Niveles de base de la mortalidad por región"). Según los tipos de desastre varían la escala y la distribución de la mortalidad y la morbilidad (véase aquí abajo el cuadro "Consecuencias de diversos desastres sobre la salud pública") y, por consiguiente, las necesidades de atención de salud de la población afectada dependerán del tipo y de la envergadura del desastre.

La función del sector de salud es prestar servicios de salud esenciales, con inclusión de respuestas de prevención y promoción que contribuyen eficazmente a reducir los riesgos. Los servicios de salud esenciales son respuestas de carácter prioritario que abordan eficazmente las principales causas del exceso de mortalidad y morbilidad. Es necesario apoyar la prestación de servicios de salud esenciales con medidas destinadas a fortalecer el sistema de salud. La manera en que se planeen, organicen y ejecuten las respuestas de salud en casos de desastre puede reforzar o socavar los sistemas de salud existentes y su futura recuperación y desarrollo.

Es primordial analizar el sistema de salud existente para determinar su nivel de desempeño y detectar los obstáculos existentes a la prestación y el acceso a los servicios de salud. Puede ocurrir que en las primeras fases de un desastre la información sea incompleta y haya que tomar importantes decisiones de salud pública sin disponer de todos los datos pertinentes; pero en cuanto sea posible se debe llevar a cabo una evaluación multisectorial (véase la norma esencial 3).

Para mejorar las respuestas es necesario mejorar la preparación. La preparación se basa en un análisis de los riesgos y está estrechamente vinculada con los sistemas de alarma temprana. La preparación incluye la planificación de contingencia, el almacenamiento de equipos y suministros, el establecimiento y/o el mantenimiento de servicios de emergencia y una estructura en estado de alerta, comunicaciones, una estructura de gestión de la información y coordinación, la capacitación del personal, la planificación a nivel de la comunidad, los entrenamientos. La adopción e imposición de un código de edificación puede reducir considerablemente el número de muertes y lesiones graves que producen los terremotos, además de garantizar que las instalaciones de salud sigan en buen estado después de un desastre.

 

Consecuencias de ciertos desastres sobre la salud pública


Observación: Incluso para tipos específicos de desastre, los patrones de morbilidad y mortalidad varían considerablemente de un contexto a otro.
 


 

Relación con otros capítulos

Dada la repercusión de los diferentes factores determinantes en el estado de salud, muchas de las normas contenidas en los otros capítulos son pertinentes para este capítulo. Los progresos realizados en el cumplimiento de las normas en un ámbito suelen influir, e incluso determinar, el progreso en otros ámbitos. Para que las respuestas en casos de desastre sean eficaces, se requiere una estrecha coordinación y colaboración con otros sectores. También es necesario coordinar con las autoridades locales, otras organizaciones de socorro y las organizaciones comunitarias para garantizar que las necesidades sean atendidas, que no se dupliquen los esfuerzos, que se utilicen los recursos de manera óptima y que la calidad de los servicios de salud sea adecuada. Cuando procede, se hace referencia a normas específicas o notas de orientación de otros capítulos, así como a normas conexas y complementarias.

 

Relación con los principios de protección y las normas esenciales

Para cumplir las normas presentadas en este manual, todas las organizaciones humanitarias deben guiarse por los principios de protección, aunque no tengan un mandato específico de protección ni sean especialistas en la materia. Los principios no son "absolutos": se admite que las circunstancias pueden limitar hasta qué punto las organizaciones pueden aplicarlos. Sin embargo, los principios de protección son el reflejo de preocupaciones humanitarias universales que deberían guiar la acción en todo momento.

Las normas esenciales son normas básicas relativas a los procesos y al personal comunes a todos los sectores. Las seis normas esenciales abarcan la respuesta humanitaria centrada en las personas; la coordinación y colaboración; la evaluación; el diseño y la respuesta; el desempeño, la transparencia y el aprendizaje; y el desempeño de los trabajadores humanitarios. Ofrecen un punto de referencia único para los enfoques que sustentan a todas las demás normas del manual. Por consiguiente, para cada capítulo técnico hay que utilizar al mismo tiempo las normas esenciales que permitirán lograr el cumplimiento de las demás normas en él contenidas. En particular, para lograr que una respuesta sea apropiada y de calidad, será necesario maximizar la participación de las personas afectadas por el desastre, incluidos los grupos y personas más expuestos al riesgo en casos de desastre.


Vulnerabilidades y capacidades de las poblaciones afectadas por un desastre

Esta sección está concebida para utilizarse juntamente con las normas esenciales y sirve para reforzarlas.

Es muy importante comprender que una persona no es más vulnerable ni está expuesta a un mayor riesgo meramente porque es joven, o de edad avanzada, porque es una mujer o una persona con discapacidad o que vive con el VIH. Es más bien la combinación de varios de esos factores lo que lleva a ese resultado. Así por ejemplo, una persona de más de 70 años que vive sola y no goza de buena salud, será sin duda más vulnerable que una persona de la misma edad y con el mismo estado de salud pero que vive rodeada por una familia numerosa y que tiene un ingreso suficiente. Análogamente, una niña de 3 años es mucho más vulnerable cuando no está acompañada que si estuviera cuidada por padres responsables.

En la medida en que se aplican las normas que rigen para las acciones de salud y se implementan las acciones clave, el análisis de la vulnerabilidad y la capacidad permite asegurar que la respuesta en casos de desastre se dirige efectivamente a las personas que tienen derecho a una asistencia sin discriminación y que más lo necesitan. Para ello, se precisa una comprensión cabal del contexto local y de la manera en que una determinada crisis afecta de diferentes formas a grupos específicos de personas a causa de vulnerabilidades ya existentes (por ejemplo, en una situación de pobreza extrema o de discriminación), el hecho de verse expuestos a diversas amenazas contra su seguridad (por ejemplo, la violencia de género, como la explotación sexual), la incidencia o prevalencia de enfermedades (por ejemplo, el VIH o la tuberculosis), y los riesgos de epidemias (por ejemplo, el sarampión o el cólera). Los desastres pueden agravar las disparidades que ya existían. Por ello, es esencial preconizar las estrategias que permiten a las personas hacer frente a una situación, y potenciar su resiliencia y su recuperación. Asimismo, es necesario promover y reforzar sus conocimientos, competencias y estrategias, reforzar su acceso a los servicios de apoyo social, jurídico, financiero y psicosocial, así como ayudarlas a salvar los diversos obstáculos físicos, culturales, económicos y sociales con los que pueden tropezar al buscar un acceso equitativo a dichos servicios.

A continuación se mencionan algunas de las medidas más importantes que deben adoptarse para poder garantizar que los derechos y las capacidades de todas las personas vulnerables se tengan debidamente en cuenta.