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Carta Humanitaria y normas mínimas para la respuesta humanitaria


Norma 1 sobre evaluación de la seguridad alimentaria y la nutrición: seguridad alimentaria

Cuando las personas corren un riesgo mayor de inseguridad alimentaria, se llevan a cabo evaluaciones utilizando métodos aceptados para comprender el tipo, el grado y la magnitud de la inseguridad alimentaria, a fin de identificar a las personas más afectadas y definir la respuesta más apropiada.

Acciones clave (deben leerse juntamente con las notas de orientación)

Indicadores clave (deben leerse juntamente con las notas de orientación)

Notas de orientación

  1. Metodología: el alcance de las evaluaciones y los procedimientos de muestreo son importantes, incluso si son informales. Las evaluaciones de la seguridad alimentaria deben tener objetivos claros y utilizar métodos aceptados internacionalmente. La confirmación mediante diferentes fuentes de información (por ejemplo, las evaluaciones de las cosechas, las imágenes satelitales y las evaluaciones basadas en las familias) es fundamental para poder formular una conclusión coherente (véanse la norma esencial 3 y Referencias y lecturas complementarias).
     
  2. Fuentes de información: es probable que exista información secundaria sobre la situación anterior al desastre. Dado que las mujeres y los hombres desempeñan papeles diferentes y complementarios a la hora de garantizar el bienestar nutricional de la familia, esta información debe desglosarse por sexo en la medida de lo posible (véanse la norma esencial 3 y el anexo 1: Lista de verificación de la seguridad alimentaria y los medios de subsistencia).
     
  3. Disponibilidad, consumo y uso de alimentos y acceso a ellos: (véanse las definiciones de disponibilidad, uso y acceso, página ??). El consumo de alimentos refleja el aporte energético y la ingesta de nutrientes de las personas que componen el hogar. Durante las evaluaciones no es práctico medir el contenido energético real y los valores nutricionales. La diferencia observada en el número de comidas consumidas antes y después de un desastre puede ser un indicador simple aunque revelador de los cambios ocurridos con respecto a la seguridad alimentaria. El número de grupos alimentarios consumidos por una persona o por un hogar y la frecuencia del consumo en un período de referencia determinado indica la variedad de la dieta. Esta variedad es un buen indicador sustitutivo, sobre todo cuando está correlacionada con el nivel socioeconómico del hogar, la ingesta energética total de los alimentos y la calidad de la dieta alimentaria. Para medir eficazmente los hábitos de consumo alimentario y los problemas que plantean, existen varias herramientas como el calendario estacional, el cuestionario sobre la diversidad alimentaria de las familias, la escala de evaluación de la inseguridad alimentaria de las familias o el perfil del consumo alimentario.
     
  4. Inseguridad alimentaria y estado nutricional: la inseguridad alimentaria es una de las tres causas subyacentes de la desnutrición. Sin embargo, no debe suponerse que es la única.
     
  5. Contexto: la inseguridad alimentaria puede ser consecuencia de factores sociopolíticos macroeconómicos y estructurales de carácter más general, como por ejemplo políticas nacionales o internacionales, procesos o instituciones que repercuten en el acceso de las personas afectadas por un desastre a una alimentación adecuada y la degradación del medio ambiente local. Este tipo de situación suele denominarse inseguridad alimentaria crónica, porque es un estado que perdura a largo plazo generado por vulnerabilidades estructurales agravadas por los efectos del desastre. Los sistemas locales y regionales de información sobre seguridad alimentaria, con inclusión de los sistemas de alerta rápida contra la hambruna y de la clasificación integrada de la seguridad alimentaria, son mecanismos importantes para el análisis de la información.
     
  6. Análisis de la respuesta: la seguridad alimentaria varía según los medios de subsistencia de las personas, su ubicación, los sistemas de mercado, el acceso que tienen a los mercados locales, su posición social (incluidos el sexo y la edad), la época del año, la índole del desastre y las respuestas que genera. En la evaluación se debe tomar en cuenta la manera como la población afectada obtenía, antes del desastre, los alimentos y los ingresos con que adquirirlos, y el modo en que el desastre ha afectado a estos factores. Si hay personas desplazadas, es necesario tener en cuenta la seguridad alimentaria de la población de acogida. En las evaluaciones es importante también analizar los mercados, los bancos, las instituciones financieras u otros mecanismos locales de transferencia en el caso de entregas de dinero en efectivo, así como las cadenas de suministro de alimentos, incluidos los riesgos que conllevan (véase el principio de protección 1). Ello ayudará a evaluar la viabilidad de las respuestas relativas a las entregas de dinero en efectivo y las distribuciones de alimentos, así como la instauración de mecanismos seguros y eficientes de entrega.
     
  7. Análisis del mercado: este análisis debe formar parte de la evaluación inicial y de las evaluaciones ulteriores. En él se debe tener en cuenta la tendencia de los precios, la disponibilidad de los productos y servicios básicos, las consecuencias del desastre en las estructuras del mercado y el período de recuperación previsto. Comprender la capacidad de los mercados para ofrecer empleo, alimentos, artículos y servicios esenciales tras un desastre puede contribuir a elaborar respuestas oportunas, apropiadas y eficaces en función de los costos, las cuales pueden mejorar la economía local. Los sistemas de mercado pueden ir más allá de las necesidades a corto plazo comprobadas después de un desastre, a fin de proteger los medios de subsistencia mediante el suministro de artículos de producción (semillas, aperos, etc.) y el mantenimiento de la demanda de empleo. Los programas deben estar destinados a apoyar la compra local cuando sea posible (véanse la norma 4 sobre seguridad alimentaria – distribuciones de alimentos, notas de orientación 2 y 3, la norma 1 sobre seguridad alimentaria – medios de subsistencia, nota de orientación 7 y la norma 3 sobre seguridad alimentaria – medios de subsistencia, nota de orientación 2).
     
  8. Estrategias de afrontamiento: la evaluación y el análisis deben tener en cuenta los diferentes tipos de estrategias de afrontamiento, quiénes las aplican y cuándo, si su funcionamiento es satisfactorio y cuáles son los efectos adversos (si los hubiera). Se recomienda el uso de herramientas, como el índice de estrategias de afrontamiento. Si bien las estrategias varían, hay diferentes etapas en el afrontamiento. Algunas estrategias de afrontamiento son normales; positivas y merecerían ser apoyadas. Otras, llamadas a veces estrategias de crisis, pueden menoscabar de forma permanente la seguridad alimentaria futura (venta de tierras, migración a que se pueden ver forzadas familias enteras o deforestación). Algunas estrategias de afrontamiento empleadas por las mujeres y las niñas, o que se les imponen, pueden tener consecuencias negativas graves para su salud, su bienestar psicológico y la integración social. Otras incluso pueden dañar el medio ambiente, como en el caso de la explotación excesiva de los recursos naturales comunes. El análisis debe permitir establecer un umbral de subsistencia que permita definir la combinación más apropiada de respuestas con objeto de proteger y apoyar la seguridad alimentaria antes de agotar todas las opciones que no son perjudiciales (véanse los principios de protección 1 y 2).
     
  9. Análisis participativo de la vulnerabilidad: es fundamental que los diferentes grupos de mujeres y hombres y las organizaciones e instituciones locales competentes participen efectivamente en todas las fases de la evaluación. Los programas deben aprovechar los conocimientos locales, basarse en las necesidades y ajustarse al contexto local. Las zonas expuestas a desastres naturales recurrentes o a conflictos de larga duración cuentan probablemente con sistemas o redes locales de alerta temprana y de respuesta ante casos de emergencia, y planes de contingencia que deben incorporarse a toda evaluación. Es indispensable que las mujeres participen en la elaboración y la ejecución de proyectos (véanse los principios de protección 2-4).
     
  10. Necesidades inmediatas y planificación a largo plazo: las respuestas destinadas a satisfacer las necesidades alimentarias inmediatas pueden abarcar las distribuciones de alimentos, las entregas de dinero en efectivo y de cupones. Esas respuestas pueden realizarse sea de manera separada o bien juntamente con otras respuestas relacionadas con los medios de subsistencia. Si al comienzo de una crisis, la prioridad es responder a las necesidades inmediatas y preservar los bienes de producción, siempre hay que planificar las respuestas con una óptica de largo plazo; en particular, es importante tener presente los efectos del cambio climático en el restablecimiento de un medio ambiente degradado.