Seleccione su idioma

Carta Humanitaria y normas mínimas para la respuesta humanitaria


Norma 1 sobre promoción de la higiene: Implementación de las actividades

Los hombres, las mujeres y los niños de todas las edades afectados por el desastre conocen los principales riesgos para la salud pública y son movilizados para adoptar medidas destinadas a prevenir el deterioro de las condiciones higiénicas y utilizar y mantener las instalaciones facilitadas.


Acciones clave (deben leerse juntamente con las notas de orientación)

Indicadores clave (deben leerse juntamente con las notas de orientación)

Notas de orientación

  1. Seleccionar como prioridad los riesgos y comportamientos en materia de higiene: la evaluación de los riesgos en materia de higiene, las tareas y responsabilidades de los diferentes grupos permitirá comprender mejor la situación y, por lo tanto, planificar y priorizar las medidas de ayuda. De este modo, la corriente de información entre los actores humanitarios y la población afectada estará dirigida correctamente y se corregirán los conceptos erróneos, si los hubiere.
     
  2. Llegar a todos los sectores de la población: en las fases iniciales de un desastre, tal vez sea necesario recurrir a los medios de comunicación para que el mayor número posible de personas reciba la información importante sobre cómo reducir los riesgos para la salud. Se deberá facilitar a los diferentes grupos diversos material de información, educación y comunicación a través de los canales de comunicación pertinentes a fin de que la información llegue a todos los miembros de la población. Esto reviste especial importancia para todas las personas que no saben leer o no tienen acceso a la radio ni a la televisión. En este caso, los medios de comunicación populares (obras de teatro, canciones, teatro en la calle, danza, etc.) también pueden resultar muy útiles. La coordinación con el grupo sectorial de educación será importante para aprovechar las oportunidades de realizar actividades de higiene en las escuelas.
     
  3. Métodos interactivos: los materiales didácticos y los métodos participativos, cuando son culturalmente apropiados, brindan a las personas afectadas la oportunidad de planificar sus propias medidas para mejorar la higiene y vigilar los resultados. También son una ocasión para que formulen sugerencias o quejas respecto del programa, llegado el caso. La planificación de la promoción de la higiene debe ser culturalmente apropiada. Las actividades promocionales deben estar a cargo de facilitadores que tengan las características y las competencias necesarias para trabajar con grupos de personas que tengan creencias y estilos de vida diferentes de las de ellos (por ejemplo, en algunas culturas no es aceptable que las mujeres hablen con hombres que no conocen).
     
  4. Sobrecarga: es importante que no se imponga a ningún grupo (las mujeres, por ejemplo) dentro de la población afectada demasiadas responsabilidades respecto de las actividades de promoción de la higiene o de la gestión de dichas actividades. Se ofrecerán ventajas, tales como una capacitación o un empleo, a las mujeres, los hombres y los grupos marginados.
     
  5. Condiciones de empleo de los movilizadores comunitarios: el recurso a agentes de divulgación o visitadores a domicilio ofrece la posibilidad de entrar en contacto e interactuar con un mayor número de personas, pero esos agentes necesitan apoyo para desarrollar sus competencias como facilitadores. Como indicación general, en el contexto de un campamento, debería haber dos promotores de higiene o movilizadores comunitarios por cada 1.000 personas de la población afectada. Los movilizadores comunitarios pueden ser empleados también por día, sobre la base de un contrato o como voluntarios, de conformidad con la legislación nacional. Habrá que resolver con la población afectada, las organizaciones de ejecución y los diversos grupos sectoriales si esos agentes deben ser remunerados o trabajar como voluntarios para no suscitar tensiones, ni perjudicar a largo plazo la sostenibilidad de los sistemas ya establecidos.
     
  6. Motivar el compromiso de los diferentes grupos: es muy importante darse cuenta de que la salud no es necesariamente el principal incentivo para modificar un comportamiento. La necesidad de privacidad, la seguridad, la comodidad, la observancia de las normas culturales y religiosas, la condición y la estima a nivel social pueden ser factores desencadenantes mucho más poderosos que la promesa de un mejor estado de salud. Es necesario tener en cuenta esos factores a la hora de concebir las actividades promocionales, e incorporarlos efectivamente en el diseño y la implantación de las instalaciones, en colaboración con los ingenieros. Es indispensable no sólo poner énfasis en el cambio de comportamiento de las personas, sino también en la movilización social y el trabajo en grupo.