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Carta Humanitaria y normas mínimas para la respuesta humanitaria


Norma 1 sobre seguridad alimentaria – distribuciones de alimentos: necesidades nutricionales generales

Asegurar que se atiendan las necesidades nutricionales de la población afectada por un desastre, en particular los grupos que corren mayor riesgo.

Acciones clave (deben leerse juntamente con las notas de orientación)

Indicadores clave (deben leerse juntamente con las notas de orientación)

Notas de orientación

  1. Interpretación del acceso a los alimentos: el acceso a los alimentos puede medirse mediante instrumentos analíticos como la puntuación del consumo de alimentos o los instrumentos sobre la diversidad de los alimentos. Puede ser conveniente recurrir a enfoques que examinen diversas variables, como la seguridad alimentaria, el acceso a los mercados, los medios de subsistencia, la salud y la nutrición para determinar si la situación se mantiene estable o se deteriora, y si se requieren respuestas alimentarias (véase la norma 1 sobre evaluación de la seguridad alimentaria y la nutrición).
     
  2. Necesidades nutricionales y planificación de las raciones de alimentos: para planificar las raciones generales se deben utilizar las siguientes estimaciones de las necesidades mínimas de la población, ajustando las cifras con respecto a cada población, como se indica en el anexo 6: Necesidades nutricionales:

    • 2.100 kcal por persona por día;
    • 10% de la energía total en forma de proteínas;
    • 17% de la energía total en forma de grasas;
    • Ingesta adecuada de micronutrientes.

    El contenido de las raciones generales de alimentos puede formularse mediante instrumentos de planificación de las raciones (por ejemplo, NutVal). Si las personas no tienen acceso a ningún tipo de alimento, la ración distribuida debe cubrir todas sus necesidades nutricionales. Es necesario establecer estimaciones consensuadas sobre cantidades medias de alimentos a los que  la población afectada tiene acceso (véase la norma 1 sobre evaluación de la seguridad alimentaria y la nutrición). Las raciones se planifican de forma que compensen la diferencia entre las necesidades nutricionales y lo que las personas pueden obtener por sí mismas. Así, si las necesidades básicas son de 2.100 calorías por persona por día y en la evaluación se determina que las personas de la población beneficiaria pueden obtener, en promedio, 500 calorías diarias por persona mediante sus propios esfuerzos o recursos, las raciones que se suministren deben aportar 2.100 – 500 = 1.600 calorías por persona por día. Al margen del contenido energético de la dieta, en la planificación alimentaria es esencial tener en cuenta las proteínas, las grasas, las vitaminas y los minerales.

    Si el propósito de la ración es proporcionar todo el contenido energético de la dieta, es indispensable que contenga cantidades adecuadas de todos los nutrientes. Si el propósito de la ración es cubrir sólo una parte de las necesidades energéticas de la dieta, puede formularse utilizando uno de los dos siguientes criterios. Si no se conoce el contenido de nutrientes de los demás alimentos de que dispone la población, la ración debe proporcionar un contenido de nutrientes equilibrado, proporcional al contenido energético de la ración. Si se conoce el contenido de nutrientes de los demás alimentos de que dispone la población, la ración debe estar constituida de forma que complemente esos alimentos cubriendo las carencias de nutrientes. Al planificar las raciones generales, en los cálculos de los promedios se tienen en cuenta las necesidades adicionales de las mujeres embarazadas y lactantes. En la ración general es preciso incluir alimentos adecuados y aceptables para niños pequeños, como alimentos compuestos enriquecidos (véase la norma 2 sobre alimentación del lactante y del niño pequeño). Es esencial garantizar la equidad de manera que se suministren las mismas raciones a poblaciones y subgrupos de población igualmente afectados. Los planificadores deben ser conscientes de que aplicar diferentes escalas de raciones en comunidades adyacentes puede suscitar tensiones. La ingesta de cantidades excesivas de micronutrientes puede ser nociva, y por ello es necesario examinar esta cuestión en la planificación de las raciones, sobre todo si deben incluirse diferentes productos alimenticios enriquecidos.
     
  3. Prevención de la malnutrición aguda y de las carencias de micronutrientes: si se cumplen los principales indicadores alimentarios, se debería evitar el deterioro del estado nutricional de la población en general, a condición de que se implanten medidas adecuadas de salud pública para prevenir enfermedades como el sarampión, el paludismo y las parasitosis (véanse servicios de salud esenciales - normas 1 y 2 sobre control de enfermedades transmisibles). En situaciones en que se dispone de pocos tipos de alimentos puede resultar difícil asegurar que las raciones de ayuda alimentaria tengan el contenido de nutrientes adecuado. Entre las opciones para mejorar la calidad nutricional de la ración cabe mencionar el enriquecimiento de los alimentos básicos, la incorporación de alimentos compuestos enriquecidos, la adquisición de productos básicos a nivel local para suministrar los nutrientes que puedan faltar y/o la utilización de suplementos alimenticios, como alimentos con lípidos y alto contenido en nutrientes listos para el consumo y suplementos de múltiples micronutrientes en comprimidos o en polvo. Estos productos pueden destinarse a personas vulnerables como los niños de 6 a 24 meses ó de 6 a 59 meses, o a las mujeres embarazadas y lactantes. Excepcionalmente, si se dispone de alimentos ricos en nutrientes a nivel local, se puede aumentar la cantidad de alimentos en las raciones generales para facilitar un mayor intercambio de alimentos, pero se debe tener en cuenta el aspecto costo-eficacia de la operación y las repercusiones en los mercados. Entre otras opciones que pueden contemplarse para la prevención de las carencias de micronutrientes figuran las medidas de seguridad alimentaria encaminadas a promover el acceso a alimentos nutritivos (véanse la norma 1 sobre evaluación de la seguridad alimentaria y la nutrición y las normas 1 y 2 sobre seguridad alimentaria – medios de subsistencia). Asimismo, es necesario tener en cuenta la pérdida de micronutrientes que puede producirse durante el transporte, el almacenamiento, la elaboración y la cocción, así como la biodisponibilidad de las distintas formas químicas de las vitaminas y de minerales.
     
  4. Seguimiento de la utilización de las raciones de alimentos: los indicadores clave reflejan el acceso a los alimentos, pero no cuantifican su utilización o la biodisponibilidad de nutrientes. La medición directa de la ingesta de nutrientes impondría requisitos de recopilación de información poco realistas. Sin embargo, la utilización puede medirse indirectamente recurriendo a información de diversas fuentes, entre ellas el seguimiento de la disponibilidad de alimentos y su uso en los hogares, la evaluación de los precios de los alimentos y su disponibilidad en los mercados locales, el examen de los planes y registros de distribución de la ayuda alimentaria, la evaluación de la contribución de los alimentos silvestres y las evaluaciones de la seguridad alimentaria. Si bien la asignación de alimentos en los hogares puede que no siempre sea equitativa y las personas vulnerables pueden resultar especialmente afectadas, por lo general, no es posible medir estos aspectos. Unos mecanismos de distribución adecuados (véase la norma 5 sobre seguridad alimentaria – distribuciones de alimentos), la elección de los alimentos y el diálogo con la población afectada pueden contribuir a mejorar la asignación de alimentos en los hogares (véase la norma esencial 1, página ¿?).
     
  5. Las personas de edad pueden quedar muy afectadas por los desastres. Entre los factores de riesgo que reducen el acceso a los alimentos y pueden aumentar sus necesidades de nutrientes cabe mencionar las enfermedades y la discapacidad, el aislamiento, el estrés psicosocial, la familia numerosa, el frío y la pobreza. Las personas de edad deben poder acceder fácilmente a las fuentes de alimentos (incluida la distribución de alimentos). Los alimentos deben ser fáciles de preparar y consumir, y satisfacer sus necesidades adicionales de proteínas y micronutrientes.
     
  6. Las personas que viven con el VIH pueden afrontar riesgos mayores de desnutrición debido a numerosos factores, como por ejemplo: una menor ingesta de alimentos por pérdida de apetito o dificultades para comer; la falta de absorción de los nutrientes debido a la diarrea; la presencia de parásitos o la existencia de daños en las células intestinales; los cambios en el metabolismo; y, las infecciones y enfermedades crónicas. Las necesidades energéticas de las personas que viven con el VIH van aumentando a medida que avanza el estado de la infección. Es necesario asegurarse de que estas personas estén bien alimentadas y conserven el mejor estado de salud posible para así demorar la aparición del SIDA. Entre las posibles estrategias encaminadas a mejorar su acceso a una dieta adecuada se puede citar la molienda y el enriquecimiento de los alimentos o la provisión de complementos alimenticios enriquecidos, alimentos compuestos o alimentos especiales. En algunas circunstancias puede ser apropiado aumentar la cantidad global de la ración de alimentos. Se debe tener presente la opción de la terapia antirretroviral y que la nutrición puede ayudar a tolerar y continuar este tratamiento.
     
  7. Las personas con discapacidad pueden correr el riesgo particular de quedar separadas de sus familiares más cercanos y de sus cuidadores habituales durante un desastre. También pueden afrontar la discriminación que influye en su acceso a los alimentos. Será preciso desplegar esfuerzos para determinar y reducir estos riesgos tratando de asegurar el acceso físico a los alimentos, elaborando mecanismos de apoyo a la alimentación (por ejemplo, suministrando cucharas y pajas, y estableciendo sistemas de visitas a domicilio o programas de extensión) y facilitando el acceso a alimentos nutritivos y de alto contenido energético. Entre los riesgos nutricionales específicos figuran las dificultades para masticar y tragar (lo que provoca la reducción de la ingesta de alimentos y el atragantamiento); la adopción de posiciones y posturas incorrectas para comer; la limitación de la movilidad que afecta al acceso a los alimentos y a la exposición a la luz del sol (repercute en los niveles de vitamina D); y el estreñimiento, que suelen padecer por ejemplo las personas que sufren de parálisis cerebral.
     
  8. Los cuidadores y las personas a las que cuidan pueden tener problemas nutricionales específicos, por ejemplo, pueden contar con menos tiempo para acceder a los alimentos por estar enfermos o atendiendo a enfermos; puede resultarles difícil mantener las prácticas de higiene tan necesarias para ellos; pueden disponer de pocos bienes para canjear por alimentos debido a los costos de tratamientos o funerales; pueden enfrentarse al estigma social y tener menos acceso a los mecanismos de apoyo de la comunidad. Es importante que los cuidadores reciban apoyo y que no se vean perjudicados en el cuidado de personas vulnerables; ese apoyo debe abarcar los siguientes ámbitos: alimentación, higiene, salud, apoyo psicosocial y protección. Se pueden utilizar las redes sociales existentes para facilitar formación a miembros de la comunidad que pueden ocuparse de este tipo de tareas (véase el principio de protección 4).