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Carta Humanitaria y normas mínimas para la respuesta humanitaria


Norma 1 sobre seguridad alimentaria: seguridad alimentaria general

Las personas tienen derecho a una asistencia alimentaria humanitaria
que asegure su supervivencia, defienda su dignidad, y evite,
en la medida de lo posible, el deterioro de sus bienes, y fomente
su resiliencia.

Acciones clave (deben leerse juntamente con las notas de orientación)

Indicadores clave (deben leerse juntamente con las notas de orientación)

Notas de orientación

  1. Prioridad a las respuestas que salvan vidas: la respuesta inicial más común ante situaciones de inseguridad alimentaria aguda consiste en la distribución de alimentos, dinero o cupones, o una combinación de esas modalidades. También deben considerarse otros tipos de respuestas, como subvenciones alimentarias, exenciones temporales de tasas, programas de empleo, apoyo productivo a los medios de subsistencia, reducción del número de animales, suministro de forraje y apoyo a los mercados. Cuando los mercados funcionan y son accesibles, y no hay riesgos graves de inflación, puede concederse prioridad a restablecer mecanismos normales de mercado y a revitalizar las actividades económicas que generan empleo (véanse las secciones sobre mercados e respuestas de seguridad alimentaria en Referencias y lecturas complementarias). Esas estrategias pueden resultar más acertadas que las distribuciones de alimentos si ofrecen ventajas para apoyar los medios de subsistencia, reducir la vulnerabilidad futura y defender la dignidad. Las organizaciones deben tener en cuenta la labor que realizan otros agentes a fin de asegurar que la respuesta combinada proporcione insumos y servicios complementarios.
  1. Apoyo, protección y promoción de la seguridad alimentaria: esta labor comprende una amplia gama de respuestas y actividades de promoción. Aunque en las etapas iniciales después de un desastre es prioritario responder a las necesidades inmediatas y proteger los bienes de producción, las respuestas se planifican con una perspectiva de largo plazo y se integran con las actuaciones de otros sectores. Es posible que a corto plazo no sea factible lograr la seguridad alimentaria sustentándose en las estrategias de la comunidad en materia de medios de subsistencia. No obstante, se alentarán las estrategias existentes que contribuyen a la seguridad alimentaria y preservan la dignidad. Las respuestas de seguridad alimentaria deben impedir que se deterioren más los bienes, deben ayudar a recuperar los bienes perdidos a causa del desastre y deben aumentar la resiliencia frente a futuros peligros.
  1. Riesgos relacionados con las estrategias de afrontamiento: se deben
    apoyar las estrategias de afrontamiento que contribuyen a garantizar la seguridad alimentaria y la dignidad de las personas. Sin embargo, esas estrategias pueden entrañar costos o riesgos que aumentan la vulnerabilidad (véase la norma 1 sobre evaluación de la seguridad alimentaria y la nutrición). Es preciso detectar los riesgos lo antes posible y realizar respuestas tempranas para evitar que las personas recurran a esas estrategias. Por ejemplo, la distribución de leña o el uso de cocinas que consumen poco combustible pueden evitar el uso excesivo de recursos naturales y el traslado a zonas inseguras; las subvenciones en efectivo pueden evitar ventas forzadas de bienes y tierras (véase el principio de protección 1, página 37).
  1. Estrategias de finalización y de transición: se deben tener en cuenta
    desde el inicio del programa, en particular cuando la respuesta tienen
    efectos a largo plazo. Por ejemplo, la prestación gratuita de servicios que
    normalmente hubiesen sido remunerados, como los servicios de veterinarios, puede dificultar la reanudación de los servicios remunerados. Antes de dar por concluido un programa o de iniciar la transición se debería poder comprobar que la situación ha mejorado o que otros actores que están en mejores condiciones pueden asumir la responsabilidad. En el caso de las distribuciones de alimentos, las transferencias de efectivo y la entrega de cupones, ello puede suponer la creación de vínculos con los sistemas o redes de seguridad social a largo plazo existentes o la acción de sensibilización de los gobiernos y los donantes para crear sistemas capaces de remediar la inseguridad alimentaria crónica.
  1. Acceso a conocimientos, aptitudes y servicios: las estructuras orgánicas se diseñarán y planificarán juntamente con los usuarios a fin de que sean adecuadas y se gestionen debidamente, si es posible, más allá de la duración de la respuesta. Algunas personas tendrán necesidades muy específicas (por ejemplo, los niños que han quedado huérfanos a causa del SIDA tal vez no reciban la información y la transferencia de destrezas que tiene lugar en el seno de la familia), que podrán atenderse mediante servicios apropiados.
  1. Impacto ambiental: se deberá preservar la base de recursos naturales en la que se sustentan la producción y los medios de subsistencia de la población afectada por un desastre (y de la población de acogida). Durante la evaluación y la planificación de las respuestas se deben tener en cuenta los efectos sobre el medio ambiente. Por ejemplo, las personas que viven en campamentos necesitan combustible para cocinar, lo que puede acelerar la deforestación local; la distribución de alimentos que tardan largo tiempo en cocinarse entraña un mayor consumo de combustible, lo que puede afectar al medio ambiente (véase la norma 2 sobre seguridad alimentaria – distribuciones de alimentos). Las respuestas también pueden contribuir a evitar el deterioro del medio ambiente y a promover su recuperación. Por ejemplo, la reducción del número de animales disminuye la presión del pastoreo durante las sequías, y se dispone así de más pasto para los animales que sobreviven. Cuando sea posible, en las respuestas se debe fortalecer la capacidad de las personas para gestionar los recursos naturales,
    en particular mediante el suministro de insumos. Es preciso evaluar
    y reducir el riesgo de que una respuesta cause o agrave tensiones relacionadas con los recursos naturales, y exacerbe así un conflicto (véase el principio de protección 1).
  1. Cobertura, acceso y aceptabilidad: es preciso determinar quiénes son los beneficiarios y sus características, y calcular su número, desglosado por sexo y edad, antes de decidir el grado de participación de diferentes grupos (prestando especial atención a los grupos vulnerables). La participación queda en parte determinada por la facilidad de acceso y la aceptabilidad de las actividades para los participantes. Si bien algunas respuestas de seguridad alimentaria se destinan a personas económicamente activas, no deben discriminar injustamente a otras personas y han de ser accesibles a las personas vulnerables y proteger a los familiares a su cargo, sobre todo a los niños. Es posible que haya restricciones que limiten la participación, entre ellas una capacidad reducida para trabajar, gran carga de trabajo en el hogar, embarazo, alimentación y cuidado de los hijos, enfermedades y discapacidades. Para superar estas restricciones habrá que determinar qué actividades pueden realizar esos grupos o establecer estructuras de apoyo apropiadas. Deben establecerse mecanismos de selección de beneficiarios basados en la autoselección, tras consulta con todos los grupos de la población (véase el principio de protección 2).
  1. Seguimiento y evaluación: se debe realizar el seguimiento de la situación de la seguridad alimentaria a todos los niveles con el fin de evaluar si la respuesta sigue siendo pertinente, de decidir el momento de reducir gradualmente determinadas actividades, de introducir modificaciones o nuevos proyectos, y de determinar la necesidad de emprender iniciativas de sensibilización. La evaluación se basará en los criterios establecidos por el Comité de Asistencia para el Desarrollo registrados por la OCDE, que miden los siguientes aspectos: pertinencia, conexión, coherencia, alcance, eficiencia, eficacia e impacto.