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Carta Humanitaria y normas mínimas para la respuesta humanitaria


Norma 1 sobre sistemas de salud: prestación de servicios de salud

Todas las personas tienen igual acceso a servicios de salud de calidad, seguros y eficaces, que están estandarizados y se atienen a los protocolos y directrices aceptados.

Acciones clave (deben leerse juntamente con las notas de orientación)

Indicadores clave (deben leerse juntamente con las notas de orientación)

(véase la nota de orientación 1).

Notas de orientación

  1. Nivel de los establecimientos sanitarios: los establecimientos se clasifican por su tamaño y los servicios que prestan. El número de establecimientos sanitarios y su ubicación puede variar según el contexto. Los sistemas de salud deben también elaborar un proceso para asegurar la continuidad de la atención. La mejor manera de lograrlo es establecer un sistema eficaz de derivación, en especial para las respuestas que salvan vidas. El sistema de derivación debe funcionar durante las 24 horas del día, siete días a la semana.
     
  2. Normas y directrices nacionales: en general, las organizaciones deben adherirse a las normas y directrices de salud del país donde se lleva a cabo la operación, incluidos los protocolos de tratamiento y las listas de medicamentos esenciales. Si son anticuadas o no reflejan las prácticas basadas en pruebas, se deben utilizar como referencia las normas internacionales, y el organismo que dirige la respuesta en materia de salud debe apoyar al Ministerio de Salud para que actualice las normas nacionales.
     
  3. Promoción de la salud: debe iniciarse un programa activo de promoción de la salud en la comunidad en consulta con las autoridades sanitarias locales y con representantes de la comunidad, velando por que haya una representación equilibrada de mujeres y hombres. El programa debe suministrar información sobre los principales problemas de salud, los riesgos sanitarios, la disponibilidad de servicios de salud y su localización, así como sobre los tipos de comportamiento que mantienen y promueven la buena salud, abordando y desalentando las prácticas nocivas. Los mensajes y el material de promoción de la salud pública deben utilizar medios y lenguaje apropiados, ser culturalmente aceptables y fáciles de comprender. Las escuelas y los espacios de esparcimiento infantil son lugares importantes para difundir información y hacer llegar el mensaje a los niños y a sus padres (véanse las Normas Mínimas de la Red Interagencial para la Educación en Situaciones de Emergencia (INEE), norma 3 sobre acceso y ambiente de aprendizaje).
     
  4. Tasa de utilización de los servicios de salud: no existe una cifra de umbral mínimo para la utilización de los servicios de salud, ya que ésta varía de un caso a otro. Entre las poblaciones rurales y dispersas estables, la tasa de utilización debería ser de al menos una nueva consulta por persona por año. Entre las poblaciones afectadas por desastres, puede esperarse un promedio de 2-4 nuevas consultas por persona por año. Si la tasa es más baja de lo previsto, eso puede indicar que el acceso a los servicios de salud no es adecuado y si es más alta, ello puede deberse a una sobreutilización por un problema de salud pública específico o a una subestimación de la población destinataria. Al analizar las tasas de utilización, en el caso ideal debe tomarse en cuenta también la utilización según el sexo, la edad, el origen étnico y la discapacidad (véase el anexo 3: Fórmulas para calcular los indicadores clave de salud).
     
  5. Transfusiones de sangre seguras: es necesario coordinar las actividades con el servicio nacional de transfusiones sanguíneas, si lo hay. Sólo debe recolectarse sangre de donantes voluntarios no remunerados. Deben establecerse buenas prácticas de laboratorio, incluida la detección de infecciones transmisibles por transfusión, la determinación del grupo sanguíneo, las pruebas de compatibilidad, la producción de componentes sanguíneos y el almacenamiento y transporte de los productos sanguíneos. Se pueden reducir las transfusiones innecesarias mediante un uso clínico eficiente de la sangre que incluya el uso de alternativas (cristaloides y coloides) cuando sea posible. Es esencial capacitar a personal sanitario para garantizar la seguridad en el suministro de sangre y su uso clínico eficiente.
     
  6. Servicios de laboratorio: las enfermedades transmisibles más comunes pueden ser diagnosticadas por medios clínicos (por ejemplo diarrea, infecciones respiratorias agudas) o con ayuda de pruebas de diagnóstico rápido o microscopio (por ejemplo paludismo). Es sumamente útil realizar pruebas de laboratorio para confirmar la causa de un posible brote, hacer pruebas de cultivos y de sensibilidad a los antibióticos para asistir las decisiones de tratamiento de casos (por ejemplo disentería) y seleccionar vacunas donde pueda ser indicada la inmunización masiva (por ejemplo meningitis meningocócica). Para ciertas enfermedades no transmisibles, como la diabetes, las pruebas de laboratorio son esenciales para el diagnóstico y el tratamiento.
     
  7. Dispensarios móviles: en algunos desastres, puede ser necesario el funcionamiento de dispensarios móviles para atender a las necesidades de poblaciones aisladas o móviles que tienen acceso limitado a la atención de salud. Los dispensarios móviles también han demostrado cumplir un papel esencial para mejorar el acceso al tratamiento cuando se producen brotes en los que se espera un gran número de casos, como los brotes de paludismo. Sólo se debe recurrir a dispensarios móviles después de consultar al organismo director a cargo del sector de salud y a las autoridades locales (véase la norma 6 sobre sistemas de salud).
     
  8. Hospitales de campaña: los hospitales de campaña pueden ser a veces el único medio de prestar atención de salud cuando los hospitales locales se encuentran seriamente dañados o destruidos. No obstante, en general es más eficaz aportar recursos a los hospitales existentes, de modo que puedan volver a funcionar o, según el caso, hacer frente a la mayor carga de pacientes. Puede ser conveniente instalar un hospital de campaña para atender de inmediato a las lesiones traumáticas (en las primeras 48 horas), para la atención secundaria de dichas lesiones y las emergencias quirúrgicas y obstétricas de rutina (entre los días 3 y 15) o como establecimiento sanitario provisional para reemplazar un hospital local dañado hasta su rehabilitación. Dado que los hospitales de campaña gozan de alta visibilidad, los gobiernos donantes suelen ejercer una fuerte presión política para instalarlos. Sin embargo, es importante que la decisión de desplegar un hospital de campaña esté basada solamente en las necesidades y en su valor añadido.
     
  9. Derechos de los pacientes: los establecimientos sanitarios y los servicios de salud deben ser diseñados de manera que garanticen la privacidad y la confidencialidad. Debe procurarse que el paciente (o, en caso de que éste no esté en condiciones de hacerlo, su tutor) otorgue su consentimiento informado antes de ser sometido a un procedimiento médico o quirúrgico. Es necesario que el personal de salud tenga claro que los pacientes tienen derecho a saber lo que implica cada procedimiento, al igual que los beneficios esperados, los riesgos potenciales, los costos y la duración del procedimiento.
     
  10. Control de infecciones en establecimientos sanitarios y seguridad de los pacientes: para que la respuesta en casos de desastre sea eficaz, es primordial llevar a cabo programas continuos de prevención y control de infecciones tanto a nivel nacional como en la periferia, y en los diversos niveles de establecimientos sanitarios. Un programa de prevención y control de infecciones en un establecimiento sanitario debe incluir:
  1. Desechos sanitarios: los desechos peligrosos que se generan en los establecimientos sanitarios se pueden clasificar según se trate de desechos infecciosos no punzantes, material punzante y desechos comunes no infecciosos. Si la gestión de los desechos sanitarios es deficiente, se expone al personal de salud, al personal de limpieza, a los recolectores de desechos, a los pacientes y a otros miembros de la comunidad a potenciales infecciones por el VIH o las hepatitis B y C. Para minimizar el riesgo de infección debe procederse a una correcta separación desde el punto de origen de los desechos hasta la disposición final específica según la categoría de desechos. El personal asignado a manipular los desechos sanitarios debe ser correctamente capacitado y usar vestimenta protectora (como mínimo guantes y botas). Los desechos serán tratados según su tipo: así, por ejemplo, los desechos infecciosos, punzantes o no, deben depositarse en pozos protegidos o incinerarse.
     
  2. Gestión de cadáveres: si se trata de desastres que causan una alta mortalidad, será necesario ocuparse de la gestión de un gran número de cadáveres. El entierro de un gran número de cadáveres en fosas comunes se suele basar en la falsa creencia de que representan una amenaza para la salud si no se les entierra o crema inmediatamente. Sólo en algunos casos específicos (por ejemplo si la muerte es consecuencia del cólera o de fiebres hemorrágicas) los restos humanos presentan riesgos para la salud y requieren precauciones específicas. No se debe disponer de los cadáveres sin ceremonia alguna en fosas comunes. Las personas tienen que tener la oportunidad de identificar a sus familiares y de celebrar funerales apropiados según su cultura. El entierro en masa puede constituir un obstáculo para obtener los certificados de defunción necesarios para realizar procedimientos legales. Si los que son enterrados fueron víctimas de la violencia, habrá que considerar las cuestiones de índole forense (véase la norma 2 sobre alojamiento y asentamientos, nota de orientación 3).