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Carta Humanitaria y normas mínimas para la respuesta humanitaria


Norma 2 sobre abastecimiento de agua Calidad del agua:

El agua tiene un sabor agradable y suficiente calidad para beberla y utilizarla para la preparación de alimentos y la higiene personal y doméstica sin que ello entrañe riesgos para la salud.


Acciones clave (deben leerse juntamente con las notas de orientación)

Indicadores clave (deben leerse juntamente con las notas de orientación)

Notas de orientación

  1. Control sanitario y plan de salubridad del agua: el control sanitario es una evaluación de las condiciones y prácticas que pueden entrañar un riesgo para la salud pública. La evaluación abarca las causas posibles de contaminación del agua en la fuente, durante el transporte y en el hogar, así como las prácticas de defecación, los sistemas de drenaje y la gestión de los desechos sólidos. Realizar un mapeo de la comunidad es un método especialmente eficaz de determinar dónde se encuentran los peligros para la salud pública, porque en esta labor participa la población en la búsqueda de formas de reducir los riesgos. Cabe observar que si bien los excrementos de los animales no son tan nocivas como las humanas, pueden contener microorganismos, tales como criptosporidio, giardia, salmonela, campilobacter, calicivirus y otros causantes comunes de diarrea humana y, por lo tanto, presentan un peligro considerable contra la salud. La OMS recomienda la utilización del plan de seguridad del agua. Se trata de un enfoque integral que engloba la determinación de los peligros y la evaluación de los riesgos, un plan de ampliación o mejoramiento, la vigilancia de las medidas de control, así como los procedimientos de gestión, con inclusión de la elaboración de programas de apoyo (véanse Referencias y lecturas complementarias).
     
  2. Calidad microbiológica del agua: las bacterias coliformes fecales (de las cuales más del 99% son E. coli) son un indicador del nivel de contaminación del agua por desechos humanos o animales y de la posible presencia de agentes patógenos peligrosos. Si hay coliformes fecales, el agua deberá ser tratada.
     
  3. Promoción de fuentes protegidas: el mero hecho de proveer fuentes protegidas o agua tratada tendrá un efecto limitado si las personas no entienden sus beneficios para la salud y, por ende, no la utilizan. Puede que las personas prefieran usar fuentes no protegidas, como ríos, lagos o pozos sin protección, por razones de sabor, proximidad y comodidad. En esos casos, es necesario que los técnicos, los promotores de la higiene y los movilizadores comunitarios entiendan las razones de esas preferencias para que puedan incorporarlas en las discusiones y los mensajes promocionales.
     
  4. Contaminación en el punto de salida del agua: el agua que es salubre en el punto de salida puede presentar un riesgo importante para la salud debido a una eventual contaminación durante la recogida, el almacenamiento y la extracción. A fin de reducir al mínimo ese riesgo, cabe tomar algunas medidas como mejorar las prácticas de recogida y almacenamiento, así como distribuir recipientes limpios y adecuados (véase la norma 3 sobre abastecimiento de agua). Se deben tomar muestras de agua regularmente en el lugar donde se utiliza a fin de detectar toda contaminación después de su salida.
     
  5. Desinfección del agua: El agua debe ser tratada con un desinfectante residual como el cloro si existe un peligro real de contaminación en la fuente de abastecimiento o en el punto de salida del agua. Determinarán este riesgo las condiciones prevalecientes en el asentamiento, tales como la densidad demográfica, los sistemas de evacuación de excrementos, las prácticas de higiene y la prevalencia de enfermedades diarreicas. En caso de que exista el peligro o la presencia de una epidemia de diarrea, toda el agua de bebida será tratada, sea antes de la distribución o bien en el hogar. Para poder desinfectar correctamente el agua, la turbidez debe ser inferior a 5 UTN, aunque a corto plazo en caso de emergencia, se podrá desinfectar el agua que presenta un mayor grado de turbidez empleando una doble dosis de cloro, luego procediendo a una filtración para reducir el grado de turbidez (véase el anexo 6: Árbol de decisión para el tratamiento y el almacenamiento de agua de uso doméstico).
     
  6. Tratamiento del agua en el hogar: cuando no es posible utilizar un sistema centralizado de tratamiento del agua, se puede tratar el agua en el punto de consumo en los hogares. Entre los diferentes métodos de tratamiento del agua en el punto de consumo que permiten reducir el riesgo de diarrea y mejorar la calidad microbiológica del agua almacenada en el hogar, cabe mencionar la ebullición, la cloración, la desinfección solar, la filtración con cerámica, la filtración lenta con arena y la floculación/desinfección. La elección del método más adecuado depende del estado de los sistemas de abastecimiento de agua y saneamiento, la calidad del agua, la aceptabilidad cultural y la viabilidad de implementar cualquiera de esos métodos. Para que el tratamiento del agua en el punto de consumo sea eficaz, es indispensable suministrar los materiales y productos necesarios y capacitar a los beneficiarios. En casos de desastre, se evitará aplicar una solución de tratamiento del agua que no haya sido probada. En las zonas donde se pueden anticipar los riesgos, se procederá a la constitución de reservas de los productos necesarios, a fin de acelerar la respuesta, si fuera necesario Se deberá priorizar el uso de productos disponibles localmente si se prevé seguir utilizándolos después del desastre. Para que el uso de un sistema de tratamiento del agua en el punto de consumo sea eficaz, es necesario mantener un seguimiento, un apoyo y un monitoreo periódicos del mismo, y ello debe ser una condición indispensable para poder adoptar cualquier solución alternativa de tratamiento del agua.
     
  7. Tratamiento con cloro: se puede considerar el uso de una doble dosis de cloro para disminuir una turbidez elevada en los casos en que no haya una fuente de agua alternativa. Sin embargo, este método se aplicará sólo durante períodos cortos y después de instruir a los usuarios sobre la forma de reducir la turbidez mediante filtración, sedimentación y decantación antes del tratamiento del agua (véase el anexo 6: Árbol de decisiones para el tratamiento y el almacenamiento de agua de uso doméstico).
     
  8. Contaminación química y radiológica: cuando los registros hidrogeológicos o la información sobre una actividad industrial o militar indican que las reservas de agua pueden presentar riesgos químicos o radiológicos para la salud, estos riesgos deben evaluarse de inmediato mediante un análisis químico. En las decisiones que se tomen será necesario sopesar los riesgos y los beneficios a corto plazo para la salud pública. La decisión de utilizar a largo plazo agua que pueda estar contaminada deberá fundarse en una evaluación y un análisis detenidos de las posibles consecuencias para la salud.
     
  9. Palatabilidad: aunque el sabor no es en sí mismo un problema que repercuta directamente en la salud (por ejemplo, si el agua es ligeramente salina), si el agua salubre suministrada no tiene un sabor agradable, es probable que los usuarios prefieran beber agua de fuentes insalubres y pongan así en peligro su salud. En tal caso, es necesario llevar a cabo actividades de promoción de la higiene para que se utilicen solamente las fuentes de agua salubres.Calidad del agua para los centros de salud: Toda el agua destinada a hospitales, centros de salud y centros de alimentación deberá ser tratada con cloro u otro desinfectante residual. En las situaciones en las que el agua puede ser racionada debido a la interrupción del suministro, el centro deberá disponer de suficientes medios de almacenamiento de agua para garantizar un abastecimiento ininterrumpido a niveles normales de utilización (véanse el anexo 2: Cantidades mínimas de agua para instituciones y otros usos y el anexo 5: Actividades mínimas relativas a la higiene, el saneamiento y el aislamiento en los centros de tratamiento del cólera).
     
  10. Calidad del agua para los centros de salud: Toda el agua destinada a hospitales, centros de salud y centros de alimentación deberá ser tratada con cloro u otro desinfectante residual. En las situaciones en las que el agua puede ser racionada debido a la interrupción del suministro, el centro deberá disponer de suficientes medios de almacenamiento de agua para garantizar un abastecimiento ininterrumpido a niveles normales de utilización (véanse el anexo 2: Cantidades mínimas de agua para instituciones y otros usos y el anexo 5: Actividades básicas relativas a la higiene, el saneamiento y el aislamiento en los centros de tratamiento del cólera).