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Carta Humanitaria y normas mínimas para la respuesta humanitaria


Norma 2 sobre alimentación del lactante y del niño pequeño: apoyo básico y calificado

Las madres y los cuidadores de lactantes y niños pequeños tienen acceso a una ayuda alimentaria oportuna y apropiada, lo que minimiza los riesgos y optimiza los resultados para la nutrición, la salud y la superviviencia.

Acciones clave (deben leerse juntamente con las notas de orientación)

Indicadores clave (deben leerse juntamente con las notas de orientación)

Notas de orientación

  1. Medidas sencillas y respuestas básicas: son necesarias para propiciar un entorno de protección y apoyo para la alimentación del lactante y del niño pequeño. Es necesario prestar atención a toda la información relativa a las dificultades en materia de lactancia materna, alimentación complementaria y/o prácticas de alimentación artificial en los niños de 0 a 24 meses, y examinarla detenidamenta. Los niños que no son amamantados necesitan asistencia de emergencia. Es necesario priorizar el apoyo a las madres, los cuidadores, las mujeres embarazadas y lactantes para satisfacer las necesidades esenciales inmediatas. Los hogares con niños menores de 24 meses y las madres que amamantan a todos los recién nacidos deben ser registradas y orientadas a los programas de seguridad alimentaria para garantizar el acceso a alimentos adecuados. Las madres y los cuidadores pueden encontrar en centros pensados para ellos y designados a esos efectos, la ayuda de otras madres o cuidadores y un apoyo básico en materia de alimentación de lactantes y niños pequeños. Desde un comienzo, es indisepensable integrar la promoción de la lactancia materna en los servicios básicos, como la salud reproductiva, la atención primaria de salud, los servicios psicosociales y algunos programas de alimentación.
     
  2. Mujeres embarazadas y lactantes: una ingesta inadecuada de nutrientes por parte de las mujeres embarazadas y lactantes puede entrañar complicaciones durante el embarazo, mortalidad materna, insuficiencia ponderal del recién nacido y un deterioro en el estado nutricional de la madre junto con concentraciones más bajas de algunos nutrientes en la leche materna. Una falta de peso en la madre en el momento de la concepción está estrechamente vinculada con el bajo peso del recién nacido y es una característica del embarazo en las adolescentes. Las mujeres embarazadas y lactantes deben recibir suplementos diarios de micronutrientes múltiples que proporcionen la dosis cotidiana recomendada para proteger las reservas de la madre y la composición de la leche materna, reciban o no estas mujeres raciones enriquecidas. Cuando ya se suministran suplementos de hierro y de ácido fólico es indispensable proseguir su distribución. Las mujeres también deben recibir vitamina A en las seis a ocho semanas posteriores al parto. Los suplementos de micronutrientes deben conformarse a las recomendaciones internacionales en términos de dosis y calendario. Es probable que se requiera la derivación a servicios psicosociales, sobre todo cuando la población ha sufrido traumas. Si bien es importante prestar apoyo nutricional a la madre adolescente, en general lo más eficaz para abordar el problema de la insuficiencia ponderal de los recién nacidos es realizar programas destinados a prevenir el embarazo en las adolescentes.
     
  3. Iniciación temprana de la lactancia materna exclusiva (una hora después del nacimiento) es una respuesta prioritaria cuyo objetivo es salvaguardar la salud de la madre y del niño. Los niños con insuficiencia ponderal al nacer y su madre mantendrán en especial un contacto de piel a piel desde el nacimiento y se alentará a iniciar lo antes posible la lactancia materna exclusiva (véase servicios de salud esenciales - norma 2 sobre salud infantil, nota de orientación 1).
     
  4. Lactancia materna: la lactancia materna exclusiva significa que el lactante recibe sólo leche del pecho de su madre y no recibe agua, ni ningún otro tipo de líquidos o sólidos, con la excepción de suplementos de micronutrientes o los medicamentos necesarios. La lactancia materna garantiza la seguridad alimentaria y el aporte necesario de líquidos en los bebés durante los primeros 6 meses y proporciona una protección inmunitaria activa. La lactancia materna también protege a los niños de más edad, sobre todo cuando se carece de agua y las condiciones de higiene y saneamiento son precarias, de manera que es importante mantenerla hasta los 24 meses o más. Es necesario convencer a las madres, las familias, las comunidades y los trabajadores de salud sobre la importancia de proseguir la lactancia materna; en efecto, a veces las situaciones de emergencia pueden socavar la confianza. Cuando se trata de manejar situaciones más difíciles, por ejemplo en el caso en que la población sufre las consecuencias del estrés, en que los lactantes de menos de 6 meses se ven afectados por la malnutrición aguda grave (véase la norma 2 sobre gestión de la malnutrición aguda y las carencias de micronutrientes), en que la alimentación mixta es una práctica común o en que se ha propagado el VIH, es necesario prever un apoyo competente en materia de lactancia materna en el momento de la planificación y la asignación de recursos (véase la nota de orientación 7).
     
  5. Alimentación complementaria: es un proceso que consiste en dar otra alimentación además de la leche materna a partir de la edad de 6 meses (o de un sucedáneo adecuado de la leche materna a los niños no amamantados). En el período de alimentación complementaria (6-24 meses), la lactancia materna sigue contribuyendo considerablemente a la seguridad alimentaria y al aporte necesario de líquidos. Los niños que no se alimentan de leche materna necesitan suplir el déficit nutricional y es indispensable establecer una vínculación con los programas de seguridad alimentaria para facilitar la alimentación complementaria. Cuando la población depende de la ayuda alimentaria, deben incluirse alimentos adecuados enriquecidos de micronutrientes en la ración general; probablemente sea imprescindible el suministro general de alimentos complementarios. En las diferentes situaciones de emergencia, es preciso establecer criterios claros para la introducción, el uso y la duración de suplementos nutritivos a base de lípidos durante la alimentación complementaria. Los alimentos terapéuticos listos para el consumo no se consideran un alimento complementario. La distribución de alimentos complementarios debe ir acompañada de consejos prácticos y de la demostración de su preparación. El uso de suplementos de micronutrientes, como la vitamina A, debe atenerse a las recomendaciones más recientes. Los lactantes y los niños pequeños con insuficiencia ponderal pueden beneficiarse de un suplemento de hierro. Si la población se encuentra en una zona donde el paludismo es endémico, debe destinarse el suplemento de hierro a los niños anémicos o que presentan una carencia de hierro, y aplicar las debidas medidas de control del paludismo.
     
  6. Alimentación artificial: el personal debidamente calificado debe identificar rápidamente y evaluar a los niños que no se alimentan de leche materna a fin de estudiar las opciones alimentarias. Cuando la lactancia materna no es posible, la leche de donantes, en especial de nodrizas, tiene una función valiosa, sobre todo en la alimentación de lactantes y niños pequeños con bajo peso al nacer. Cuando la alimentación artificial es indicada, debe garantizarse a las madres y los cuidadores el acceso a una cantidad suficiente de un sucedáneo apropiado de la leche materna mientras sea necesario (por lo menos hasta que los lactantes tengan 6 meses), así como a la ayuda esencial correspondiente (agua, combustible, instalaciones de almacenamiento, vigilancia del crecimiento, atención médica, tiempo). Los lactantes menores de 6 meses que reciben una alimentación mixta deben ser apoyados para que se beneficien de una lactancia materna exclusiva. No deben utilizarse los biberones porque es difícil limpiarlos. Los programas que apoyan la alimentación artificial deben seguir de cerca las prácticas comunitarias de alimentación del lactante y del niño pequeño utilizando indicadores estándar que permitan asegurar que no se pone en peligro la lactancia materna. Es necesario realizar la vigilancia de la morbilidad a nivel individual y de la población, y se prestará particular atención a la diarrea. Debe considerarse la posibilidad de administrar una dosis baja de vitamina A para los niños menores de 6 meses no amamantados.
     
  7. El VIH y alimentación del lactante: asegurar la supervivencia más larga posible de los niños no afectados por el VIH es una preocupación esencial al determinar las mejores opciones alimentarias de los niños nacidos de madres infectadas por el VIH. Las madres VIH-negativas o que desconocen su estado serológico deben ser alentadas a dar de mamar de acuerdo con las recomendaciones generales que se formulan a la población en materia de alimentación del lactante y del niño pequeño (véanse las notas de orientación 3–5). Las madres infectadas por el VIH que combinan las respuestas de medicamentos antirretrovirales con la lactancia materna pueden reducir significativamente la transmisión postnatal del VIH. Es necesario dar prioridad a un acceso rápido a los antirretrovirales (véase servicios de salud esenciales - norma 2 sobre salud sexual y reproductiva). En situaciones de emergencia los riesgos asociados a una alimentación de sustitución son aun mayores para los lactantes. Esto significa que la lactancia materna ofrece mayores probabilidades de supervivencia a los lactantes nacidos de madres infectadas por el VIH, así como a los lactantes infectados por el VIH, incluso cuando no se dispone aún de medicamentos antirretrovirales. Se requiere una asistencia urgente para la alimentación artificial de los lactantes que ya tienen una alimentación de sustitución (véase la nota de orientación 6).