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Carta Humanitaria y normas mínimas para la respuesta humanitaria


Norma 2 sobre lucha antivectorial: Medidas de protección física, medioambiental y química

Las personas afectadas por el desastre son asentadas en lugares donde no se ven expuestas a vectores de enfermedades y molestias y, siempre que sea posible, esos vectores se mantienen en un nivel reducido.


Acciones clave (deben leerse juntamente con las notas de orientación)

Indicadores clave

Notas de orientación

  1. Selección del emplazamiento: es importante que la población afectada esté lo menos expuesta posible al riesgo de contraer enfermedades de transmisión vectorial y ésta debe ser una de las principales consideraciones a la hora de seleccionar la ubicación de los asentamientos. En lo que se refiere a la lucha contra el paludismo, por ejemplo, los campamentos deberán estar situados a 1 ó 2 kilómetros a sotavento de las grandes zonas de reproducción de vectores, como pantanos o lagos, cada vez que se pueda suministrar una fuente de agua salubre adicional (véanse la norma 2 sobre alojamiento y asentamientos, y las notas de orientación 5-9).
     
  2. Lucha medioambiental y química contra los vectores: para reducir la probabilidad de reproducción de los vectores, se pueden tomar varias medidas básicas de ingeniería ambiental. Entre ellas figuran la evacuación apropiada de excrementos humanos y animales (véase la sección sobre evacuación de excrementos); la eliminación adecuada de basura a fin de combatir las moscas y los roedores (véase la sección 6 sobre gestión de desechos sólidos), así como el drenaje de aguas estancadas y el desbroce alrededor de estanques y cunetas para luchar contra los mosquitos (véase la sección sobre drenaje). Estas medidas prioritarias de salud medioambiental tendrán una repercusión en la densidad demográfica de algunos vectores. Si no es posible lograr un efecto suficiente en todas las zonas de reposo, alimentación y reproducción de los vectores dentro del asentamiento o en sus cercanías, ni siquiera a largo plazo, probablemente será necesario aplicar medidas localizadas de control químico o de protección individual. Por ejemplo, utilizando la fumigación de espacios infectados se puede reducir el número de moscas adultas y prevenir una epidemia de diarrea, o si este método se emplea durante una epidemia, se puede contribuir a reducir al mínimo la carga de morbilidad.
     
  3. Diseño de una respuesta: puede ocurrir que los programas de lucha antivectorial no consigan ningún resultado si se dirigen al vector incorrecto, se emplean métodos ineficaces o se ataca el vector correcto pero en un lugar equivocado o en un mal momento. En principio, los programas de lucha antivectorial persiguen los tres objetivos siguientes: 1) reducir la densidad de las poblaciones del vector; 2) reducir el contacto entre el ser humano y el vector y, 3) reducir las zonas de reproducción del vector. Un programa mal ejecutado puede ser contraproducente. Se necesita un estudio pormenorizado y a menudo el asesoramiento de expertos, lo que se solicitará a los organismos de salud nacionales e internacionales. Además, se buscará asesoramiento local para conocer las características de las enfermedades, las zonas de reproducción, la variación estacional en poblaciones de vectores, la incidencia de las enfermedades, etc.
     
  4. Lucha medioambiental contra los mosquitos: la lucha medioambiental está destinada esencialmente a eliminar las zonas de reproducción de mosquitos. Las tres principales especies de mosquitos transmisores de enfermedades son Culex (filariasis), Anopheles (paludismo y filariasis) y Aedes (fiebre amarilla y dengue). Los mosquitos de la especie Culex se reproducen en aguas estancadas cargadas de materia orgánica, como por ejemplo las letrinas; los de la especie Anopheles en las aguas de superficie relativamente no contaminadas (charcos, arroyos de corriente lenta y pozos), y los de la especie Aedes en recipientes de agua como botellas, cubos, neumáticos, etc. Como ejemplo de lucha medioambiental contra mosquitos cabe mencionar el drenaje correcto del agua, el buen funcionamiento de letrinas mejoradas con ventilación, el uso de tapas en los agujeros de las letrinas de pozo y en los recipientes de agua, así como el hecho de mantener tapados los pozos de agua para el consumo y/o tratarlos con un larvicida (por ejemplo, en las zonas en que el dengue es endémico).
     
  5. Tratamiento del paludismo: las estrategias de lucha contra el paludismo destinadas a reducir la densidad de la población de mosquitos deben aplicarse al mismo tiempo que el diagnóstico precoz y el tratamiento inmediato con medicamentos antipalúdicos eficaces. Dichas estrategias consisten, por ejemplo, en eliminar las zonas de reproducción, reducir la tasa de supervivencia diaria de mosquitos y procurar disminuir el hábito de picadura con respecto al hombre. Se emprenderán y se apoyarán las campañas destinadas a alentar un diagnóstico y un tratamiento precoces. Un enfoque integrado que combine la detección activa de casos por parte de agentes de divulgación debidamente capacitados y el tratamiento con medicamentos antipalúdicos eficaces tiene más probabilidades de reducir la carga de paludismo que una detección pasiva de la enfermedad mediante los servicios centralizados de salud (véanse la norma 2 sobre lucha contra las enfermedades transmisibles y la nota de orientación 3).