Seleccione su idioma

Carta Humanitaria y normas mínimas para la respuesta humanitaria


Norma 2 sobre seguridad alimentaria – distribuciones de alimentos: idoneidad y aceptabilidad

Los productos alimenticios que se suministran son idóneos y aceptables para los destinatarios, a fin de que se puedan utilizar de forma eficiente y eficaz en el hogar.

Acciones clave (deben leerse juntamente con las notas de orientación)

Indicadores clave (deben leerse juntamente con las notas de orientación)

Notas de orientación

  1. Familiaridad y aceptabilidad: si bien el valor nutricional es la consideración principal a la hora de elegir los artículos que van a componer la canasta de alimentos, los productos deben ser conocidos por los beneficiarios y compatibles con sus tradiciones religiosas y culturales, incluidos los alimentos que son tabú para las mujeres embarazadas y lactantes. Las personas vulnerables deben participar en las consultas sobre la elección de alimentos. Si se utiliza un alimento que los beneficiarios no conocen, éste debe ser apetitoso para el gusto local. En los informes de evaluación y las solicitudes a los donantes, se debe explicar las razones por las que se eligen o se excluyen determinados alimentos. Cuando debido al desastre no se tiene acceso a equipos de cocina, es necesario suministrar alimentos listos para el consumo (véase también la norma 2 sobre alimentación del lactante y del niño pequeño). En estas circunstancias es posible que no haya más remedio que repartir alimentos que los beneficiarios no conocen; también hay que considerar la posibilidad de suministrar “raciones de emergencia” especiales.
     
  2. Almacenamiento y preparación de alimentos: en la elección de los productos básicos se debe tener en cuenta la capacidad de las personas para almacenarlos. Con respecto a las necesidades de agua, véase la norma 1 sobre abastecimiento de agua. Es necesario realizar una evaluación de la disponibilidad de combustible para decidir la elección de los alimentos, asegurar que los beneficiarios puedan cocinarlos adecuadamente para evitar riesgos en su salud y prevenir el deterioro ambiental y, posiblemente, riesgos de seguridad debido a la recolección excesiva de leña para emplearla como combustible (véase el principio de protección 1). En general, los alimentos suministrados no deben requerir largos tiempos de cocción ni grandes cantidades de agua. Normalmente, el grano molido reduce el tiempo de cocción y la cantidad de combustible necesarios. Con respecto al equipo de cocina, véase la norma 6 sobre seguridad alimentaria – distribuciones de alimentos y las normas 3 y 4 sobre artículos no alimentarios.
     
  3. Elaboración de alimentos: los cereales de grano entero tienen la ventaja de contar con un mayor tiempo de conservación y pueden tener mayor valor para los beneficiarios. Se pueden distribuir cereales de grano entero cuando la molienda de granos en el hogar forma parte de la tradición de los destinatarios o si estos tienen acceso a molinos locales. Se puede facilitar la molienda industrial de baja extracción, que permite extraer el germen, el aceite y las enzimas (que causan ranciedad) y aumentar así la conservación, aunque al mismo tiempo se reduce el contenido en proteínas. La molienda del maíz presenta un problema particular, porque la harina integral de maíz puede conservarse solamente entre seis y ocho semanas. Por lo tanto, el maíz se debe moler poco antes de ser consumido. Se debe respetar la legislación nacional relativa a la importación y distribución de cereales de grano entero. Los costos de molienda de los beneficiarios se pueden sufragar por medio de dinero en efectivo o de cupones, por medio del método menos preferido de distribuir cantidades suplementarias de cereales, o el de facilitar equipos de molienda.
     
  4. Artículos de importancia cultural: durante la evaluación, es importante: 1) averiguar cuáles son los condimentos que tienen importancia cultural y si hay otros productos alimenticios que sean parte esencial de los hábitos alimentarios cotidianos (por ejemplo, especias, té, etc.); y, 2) determinar el acceso que las personas tienen a esos artículos. La canasta de alimentos se debe preparar de acuerdo con esos factores, en especial si las personas van a depender de la distribución de raciones durante un tiempo considerable.
     
  5. Leche: la distribución sin destinatario determinado, gratuita o subvencionada, de preparados para lactantes, leche en polvo, leche de consumo directo o productos lácteos como únicos productos básicos (se incluye aquí la leche para tomar con el té) no debe incluirse en los programas de distribución general de alimentos o de alimentación suplementaria para llevar a casa, porque su utilización indiscriminada puede causar peligros graves para la salud. Toda respuesta en la que se incluya la leche debe conformarse a la Guía Operativa sobre Alimentación de Lactantes y Niños/as Pequeños/as en Emergencias, el Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna y las ulteriores resoluciones pertinentes de la Asamblea Mundial de la Salud (véanse las normas 1 y 2 sobre alimentación del lactante y del niño pequeño).