Seleccione su idioma

Carta Humanitaria y normas mínimas para la respuesta humanitaria


Norma 2 sobre sistemas de salud: recursos humanos

Los servicios de salud son prestados por personal capacitado y competente que dispone de una combinación de conocimientos y competencias apropiada para satisfacer las necesidades de la población en materia de salud.

Acciones clave (deben leerse juntamente con las notas de orientación)

Indicadores clave (deben leerse juntamente con las notas de orientación)

Notas de orientación

  1. Nivel de dotación: el personal de salud abarca una amplia gama de trabajadores, incluidos médicos, enfermeros, parteras, auxiliares clínicos o asistentes de los médicos, técnicos de laboratorio, farmacéuticos, trabajadores de salud comunitarios, etc., además de personal administrativo y auxiliar. No existe consenso acerca de cuál es el número óptimo de trabajadores de salud para una población determinada, ya que varía de un caso a otro. Sin embargo, hay una correlación entre la disponibilidad de trabajadores de salud y la cobertura de las respuestas sanitarias. Por ejemplo, la presencia incluso de una sola trabajadora de salud o de un trabajador o trabajadora de salud que represente a un grupo marginado puede acrecentar significativamente el acceso de las mujeres o, respectivamente, de los miembros de dicha minoría a los servicios de salud. Debe procurarse guardar una composición equilibrada de la dotación de personal mediante el traslado y/o la contratación de trabajadores de salud para las áreas donde existen deficiencias importantes con respecto a las necesidades de salud (véase la norma esencial 6).
     
  2. Capacitación y supervisión del personal: los trabajadores de salud deben tener la capacitación, las competencias y la supervisión de apoyo que correspondan a su nivel de responsabilidad. Las organizaciones tienen la obligación de capacitar y supervisar a su personal y velar por que sus conocimientos estén actualizados. La capacitación y la supervisión serán prioritarias en particular si el personal no ha recibido educación continua, o cuando se introducen nuevos protocolos. Los programas de capacitación deben ser estandarizados y priorizados, dentro de lo posible, de acuerdo a las principales necesidades de salud y las deficiencias en la competencia que se detecten en la supervisión. Se debe llevar un registro de quién ha sido capacitado por quién, cuándo y dónde. Dicho registro debe ser compartido con la sección de recursos humanos de las autoridades de salud locales (véase la norma esencial 6).