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Carta Humanitaria y normas mínimas para la respuesta humanitaria


Norma 2 sobre tratamiento de la malnutrición aguda y las carencias de micronutrientes: malnutrición aguda grave

Lucha contra la malnutrición aguda grave


Acciones clave (deben leerse juntamente con las notas de orientación)

Indicadores clave (deben leerse juntamente con las notas de orientación)

Estos indicadores se aplican principalmente a los niños de 6 a 59 meses, aunque otros grupos etarios también pueden participar en el programa.


Notas de orientación

  1. Elaboración del programa: los programas deben estar diseñados para fortalecer y apoyar la capacidad del sistema de salud existente cada vez que sea posible. El nivel de apoyo adicional necesario para garantizar el tratamiento eficaz de la malnutrición aguda grave debe determinarse en función de la capacidad existente en las estructuras de salud y la comunidad, el número de personas afectadas por el desastre, su distribución geográfica y la situación en materia de seguridad. Desde un comienzo, los programas deben prever estrategias de finalización o planes de apoyo a más largo plazo más allá de la fase de emergencia. Antes de proceder al cierre o a la transición de los programas es necesario considerar las capacidades y oportunidades existentes para integrarlos en los sistemas ya establecidos.
     
  2. Componentes de los programas: los programas de tratamiento de la malnutrición aguda grave deben englobar la asistencia hospitalaria de personas con complicaciones médicas y todos los lactantes menores de 6 meses que sufren malnutrición aguda, así como proponer servicios ambulatorios descentralizados para los niños sin ninguna complicación médica. La atención hospitalaria puede ser directa o por derivación. Los programas también deben estar vinculados con otros servicios que se ocupan de las causas inmediatas y subyacentes de desnutrición, tales como la alimentación suplementaria, las redes de lucha contra el VIH, el SIDA y la tuberculosis, los servicios de atención primaria de salud y los programas de seguridad alimentaria, incluidas las distribuciones de alimentos o cupones y las entregas de dinero en efectivo. Una movilización eficaz de la comunidad servirá para lograr la aceptación del programa, su accesibilidad y una buena cobertura. Los emplazamientos del programa para pacientes ambulatorios deben estar cerca de la población destinataria a fin de reducir los riesgos y los costos derivados de los desplazamientos sobre grandes distancias con niños pequeños, así como los riesgos a que se ven expuestas las personas que se desplazan hasta esos lugares.
     
  3. Cobertura: como en el caso de la malnutrición aguda moderada, la cobertura depende de la aceptabilidad del programa, la ubicación y la accesibilidad de los emplazamientos, la situación general en materia de seguridad, la frecuencia de las distribuciones, el tiempo de espera, la calidad de los servicios, el alcance de la movilización, el número de visitas a domicilio y las acciones de detección, y el cumplimiento de los criterios de detección y admisión. Los métodos para medir la cobertura varían según el nivel de fiabilidad y el tipo de información facilitada. Por ende, hay que precisar el método utilizado en los informes que se presenten. Es conveniente consultar sobre las directrices más recientes antes de decidir cuál es el método más apropiado en un contexto determinado (véanse la norma 1 sobre tratamiento de la malnutrición aguda y las carencias de micronutrientes y la nota de orientación 2).
     
  4. Directrices: Hay que respetar las directrices nacionales y si no las hay, o si no son compatibles con las normas internacionales, deben adoptarse las directrices internacionales. En la sección Referencias y lecturas complementarias, se pueden encontrar las directrices aceptadas en el plano internacional.
     
  5. Los criterios de admisión deben ajustarse a las directrices nacionales e internacionales (véanse el anexo 4: Cómo medir la malnutrición aguda y la sección Referencias y lecturas complementarias). Los criterios de admisión para los lactantes menores de 6 meses y los grupos cuyas características antropométricas son difíciles de determinar deben tener en cuenta su estado clínico y la situación con respecto a la lactancia materna. Las personas que han sido sometidas a prueba y diagnosticadas VIH-positivas o que se sospecha que son VIH-positivas, tienen tuberculosis o sufren enfermedades crónicas deben beneficiarse del mismo acceso a la asistencia si cumplen los criterios de admisión. Las personas que viven con el VIH y no cumplen los criterios de admisión necesitan a menudo un apoyo nutricional que, sin embargo, no se les puede aportar en el marco del tratamiento de la malnutrición aguda grave en situación de desastre. Estas personas y sus familias recibirán una asistencia más adecuada mediante diversos servicios como la atención comunitaria a domicilio, los centros de tratamiento de la tuberculosis y los programas de prevención de la transmisión de la madre al niño.
     
  6. Criterios de salida y recuperación: las personas autorizadas a salir del programa no deben presentar complicaciones médicas, han recuperado el apetito y han alcanzado y conservado el peso conveniente sin presentar edema nutricional (por ejemplo durante dos tomas de peso consecutivas). La situación relativa a la lactancia materna es sumamente importante para los lactantes menores de 6 meses y los niños de hasta 24 meses. Los niños no amamantados deben ser objeto de un seguimiento particular. Es necesario respetar los criterios de salida a fin de evitar los riesgos derivados de una salida prematura. Las directrices dan una gama de la duración de permanencia promedio para el tratamiento y tienen por objetivo evitar períodos de recuperación demasiado largos. La duración promedio varía en función de las directrices que se utilicen y, por ende, deberá adaptarse al contexto nacional y a las directrices en vigor. El aumento de peso medio debe calcularse separadamente para las personas que han tenido un edema nutricional y las que no lo han tenido. Debido al VIH, el SIDA y la tuberculosis algunas personas que sufren de malnutrición no reaccionan al tratamiento. Las opciones de tratamiento o de atención a más largo plazo deben discutirse con los servicios de salud y otros servicios de apoyo social y comunitario (véase servicios de salud esenciales – norma 2 sobre salud sexual y reproductiva).
     
  7. Los indicadores de resultados en cuanto al tratamiento de la malnutrición aguda grave tienen en cuenta a la vez los resultados obtenidos en pacientes hospitalizados y en pacientes ambulatorios evitando así el doble recuento (es decir, descontando las transferencias entre los dos grupos). Si esto no es posible, es necesario ajustar la interpretación de las cifras en consecuencia. Los programas pueden contar con mejores indicadores para los pacientes ambulatorios únicamente y deben tratar de alcanzar con los pacientes hospitalizados únicamente las cifras que se obtienen para el grupo combinado de pacientes hospitalizados y ambulatorios. La población de personas que han salido del programa se compone de las que se han restablecido, las que han fallecido, las que han abandonado o las que no se han recuperado (véase la norma 1 sobre tratamiento de la malnutrición aguda y las carencias de micronutrientes, nota de orientación 4). Las personas que son derivadas a otros servicios (por ejemplo, servicios de salud) no han terminado el tratamiento. Los programas que dan cuenta de los pacientes ambulatorios solamente deben añadir a los pacientes hospitalizados en la evaluación de los resultados. Los factores tales como la complejidad clínica de las infecciones por el VIH repercutirán en las tasas de mortalidad si cierto número de personas admitidas son VIH-positivas. Aunque los indicadores de resultados no se han ajustado para tener en cuenta estas situaciones, es indispensable tenerlos en cuenta al interpretar las cifras. Además de los indicadores de salida, es necesario evaluar también el número de nuevas admisiones, el número de niños que están bajo tratamiento y las tasas de cobertura. Es necesario investigar las causas de readmisión, agravamiento del cuadro clínico, abandono o falta de reacción y documentarlas de manera permanente. La definición de estos casos será adaptada a las directrices utilizadas.
     
  8. Aportes en materia de salud: todos los programas de tratamiento de la malnutrición aguda grave deben incluir tratamientos sistemáticos de acuerdo con las directrices nacionales e internacionales y con las normas de derivación establecidas para las enfermedades subyacentes como la tuberculosis y la infección por el VIH. En las zonas con una alta prevalencia del VIH, las estrategias relativas al tratamiento de la malnutrición deben prever también las respuestas destinadas a evitar la transmisión del VIH y las enfocadas en la supervivencia de las madres y de los niños. Son indispensables los sistemas de derivación eficaces para la lucha contra la tuberculosis, así como para la detección del VIH y la atención correspondiente.
     
  9. Apoyo a la lactancia materna: los lactantes hospitalizados son a menudo los que están en peores condiciones. Las madres necesitan una ayuda competente en materia de lactancia materna como parte de la rehabilitación y la recuperación nutricionales, sobre todo para los niños menores de 6 meses. Es necesario dedicar a esta actividad suficiente tiempo y recursos, y puede resultar muy útil asignar un espacio para dar de mamar y así enfocar adecuadamente la asistencia profesional y permitir un apoyo mutuo entre las madres. Las madres lactantes de niños menores de 6 meses que sufren de una malnutrición grave deben recibir raciones suplementarias, sea cual sea su estado nutricional. En caso de que estas madres respondan a los criterios antropométricos de la malnutrición aguda grave, deberán ser admitidas también para el tratamiento.
     
  10. Apoyo social y psicosocial: una estimulación emocional y física a través del juego es importante para los niños con malnutrición aguda grave durante la fase de rehabilitación. Los cuidadores precisan a menudo un apoyo social y psicosocial para que lleven a esos niños al tratamiento. Esto puede hacerse mediante los programas de movilización que deben hacer hincapié en la estimulación y la interacción en tanto que tratamiento y prevención de las futuras discapacidades y deterioros cognitivos (véase el principio de protección 4). Todos los cuidadores de los niños con malnutrición grave deben aprender a alimentarlos y cuidarlos durante el tratamiento mediante consejos, demostraciones e información sobre la salud y la nutrición.