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Carta Humanitaria y normas mínimas para la respuesta humanitaria


Norma 5 sobre seguridad alimentaria – distribuciones de alimentos: selección y distribución

El método de distribución selectiva de alimentos responde a las necesidades, es oportuno, transparente, seguro, adecuado a las condiciones locales, y protege la dignidad.


Acciones clave (deben leerse juntamente con las notas de orientación)

Indicadores clave (deben leerse juntamente con las notas de orientación)

Notas de orientación

  1. Selección de beneficiarios: la ayuda alimentaria debe destinarse a las personas seleccionadas por ser las más necesitadas: las familias que están más gravemente expuestas a la inseguridad alimentaria y las personas que sufren de malnutrición (véanse Vulnerabilidades y capacidades de las poblaciones afectadas por desastres y las normas 1 y 2 sobre evaluación de la seguridad alimentaria y la nutrición). La selección no se limita a la fase inicial, sino que abarca toda la respuesta. Es difícil lograr el equilibrio adecuado entre los errores debidos a la exclusión de beneficiarios (lo que puede suponer una amenaza para la vida) y los errores debidos a la inclusión (que pueden ser perjudiciales o entrañar un derroche de recursos). Además, por lo general para reducir los errores es preciso incrementar los costos de prevención. En situaciones de extrema urgencia, los errores debidos a la inclusión pueden ser más aceptables que los errores por exclusión: por ejemplo, las distribuciones de mantas pueden ser apropiadas en el caso de desastres repentinos en los que todos los hogares han sufrido pérdidas similares, o en los que no es posible efectuar una evaluación detallada de los beneficiarios debido a la falta de acceso. La selección de agentes que se ocupen de seleccionar a los beneficiarios deberá basarse en su imparcialidad, capacidad y responsabilidad. Entre ellos se podrá incluir a ancianos de la aldea, comités de socorro elegidos en el plano local, organizaciones de la sociedad civil, ONG locales, instituciones gubernamentales locales u ONG internacionales. Se recomienda encarecidamente elegir mujeres como agentes de selección. Los criterios de selección tiene que ser claros y la población destinataria y no destinataria tiene que aceptarlos para no crear tensiones ni causar perjuicios (véanse la norma esencial 1, nota de orientación 3 y el principio de protección 2).
     
  2. Registro: la inscripción formal de las familias que reciben alimentos debe realizarse lo antes posible, y se debe actualizar según proceda. La información sobre los beneficiarios es esencial para diseñar un sistema de distribución eficaz (el tamaño de la población y las características demográficas de una población influyen en la organización de la distribución), así como para elaborar listas de beneficiarios, hojas de recuento y cartillas de racionamiento (si se expiden) e identificar a personas con necesidades específicas. En los campamentos suele ser muy difícil hacer el registro, especialmente si las personas desplazadas no tienen documentos de identidad (véanse el principio de protección 4, notas de orientación 5–9). Las listas compiladas por las autoridades locales y las listas de familias elaboradas por la comunidad pueden ser útiles, siempre y cuando se demuestre, mediante una evaluación independiente, que son exactas e imparciales. Es importante alentar a las mujeres de la población afectada por el desastre a colaborar en el proceso de inscripción. Los organismos deben velar por que en las listas de distribución no se omitan personas vulnerables, especialmente las que están obligadas a permanecer en el hogar. Aunque normalmente se inscriben los cabeza de familia, las mujeres deben gozar del derecho a inscribirse bajo su propio nombre y apellido: las mujeres pueden utilizar de manera más adecuada las transferencias en el hogar. Si no es posible hacer el registro en las etapas iniciales de un desastre, se deberá efectuar en cuanto la situación se estabilice. Ello es especialmente importante cuando es posible que las distribuciones de alimentos se prolonguen durante mucho tiempo. Es necesario establecer un mecanismo de quejas y de respuesta para el proceso de inscripción (véase la norma esencial 1, notas de orientación 2 y 6).
     
  3. Métodos de distribución de raciones sin cocinar: la mayoría de los métodos evolucionan con el tiempo. Una distribución general de alimentos consiste normalmente en entregar raciones sin cocinar que los beneficiarios preparan en sus casas. Los beneficiarios pueden ser: una persona o el titular de una cartilla de racionamiento familiar, el representante de un grupo de familias, los dirigentes tradicionales o los dirigentes de una comunidad seleccionada para la distribución. Las condiciones sobre el terreno determinan la selección de los destinatarios, y si esas condiciones cambian la situación del destinatario también puede cambiar. Deben evaluarse cuidadosamente los riesgos inherentes a las distribuciones a través de representantes o dirigentes. En la selección de los beneficiarios deben examinarse las consecuencias en cuanto al volumen de trabajo y posibles riesgos de violencia, incluida la violencia doméstica (véanse los principios de protección 1 y 2). En relación con la frecuencia de las distribuciones habrá que estudiar el peso de la ración de alimentos y los medios de los beneficiarios para llevar los alimentos hasta sus hogares. Puede ser necesario adoptar medidas específicas para asegurar que las personas de edad y los discapacitados puedan recoger los alimentos que les corresponden: otros miembros de la comunidad pueden ayudar en esta tarea, y quizá el suministro de raciones para una o dos semanas sea más fácil de recoger que las raciones mensuales. Los esfuerzos por centrar la atención en las personas vulnerables no deben agravar el estigma que ya puede pesar sobre esas personas. Este tema puede ser de especial importancia cuando se trate de poblaciones con un gran número de personas que viven con el VIH o el SIDA (véase el principio de protección 4, notas de orientación 1, 9–11).
     
  4. Métodos de distribución de raciones cocinadas: de manera excepcional, una distribución general de alimentos puede consistir en comidas cocinadas o en alimentos listos para el consumo, durante un período inicial, en situaciones de extrema urgencia. Esas raciones pueden resultar apropiadas, por ejemplo, en los siguientes casos: durante los desplazamientos de población; situaciones de inseguridad extrema en las que llevar alimentos al hogar puede exponer a las personas al riesgo de robo o violencia; cuando las personas vulnerables quedan excluidas debido al elevado número de abusos o a la fiscalidad; cuando a raíz de grandes desplazamientos las personas pierden sus bienes (equipos de cocina o combustible) o quedan demasiado debilitadas para cocinar; cuando dirigentes locales desvían raciones; o se plantean consideraciones ambientales (por ejemplo, se protege un entorno ecológico frágil mediante la prohibición de recoger leña). Asimismo, puede recurrirse a comidas escolares e incentivos alimentarios para el personal de educación como mecanismo de distribución en una emergencia (véanse las normas mínimas de INEE para la educación).
     
  5. Puntos de distribución y desplazamientos: los puntos de distribución deben establecerse en los lugares más seguros y convenientes para los destinatarios, y su elección no debe basarse en la conveniencia logística para el organismo de distribución (véase el principio de protección 3, notas de orientación 6–9). Es preciso tener en cuenta la topografía y la proximidad de otras fuentes de apoyo (agua potable, instalaciones sanitarias, servicios médicos, zonas de sombra, alojamiento, espacios seguros para las mujeres). Al elegir los puntos de distribución, es necesario evitar las zonas donde las personas estén obligadas a cruzar puestos de control militares o a negociar el paso seguro. Para decidir la frecuencia de las distribuciones y el número de puntos de distribución se debe tener en cuenta el tiempo que tardan los destinatarios para trasladarse hasta los puntos de distribución, así como los aspectos prácticos y costos de transporte de los productos. Los destinatarios deben poder hacer el desplazamiento de ida y vuelta entre sus hogares y los puntos de distribución el mismo día. Además, es preciso promover otros medios de distribución para llegar a las personas que no pueden desplazarse y están aisladas (como personas con dificultades para desplazarse). Una persona camina al ritmo medio de 5 kilómetros por hora, pero lo hace más lentamente en terreno irregular y al subir una cuesta; ese ritmo varía con la edad y el grado de movilidad. En una situación de desastre, el acceso a la distribución es una causa común de ansiedad para las poblaciones marginadas y excluidas. Las distribuciones deben programarse de tal manera que se reduzca al mínimo el trastorno causado en las actividades cotidianas, en horarios que permitan el desplazamiento a los puntos de distribución durante el día a fin de proteger a los destinatarios y evitar que tengan que pasar la noche en ese lugar, ya que ello entraña riesgos adicionales (véase el principio de protección 1).
     
  6. Reducción de los riesgos de seguridad: las distribuciones de alimentos pueden crear riesgos de seguridad, como el desvío de alimentos o actos de violencia. Durante las distribuciones pueden aparecer fuertes tensiones. Las mujeres, los niños, las personas de edad y las personas con discapacidad están particularmente expuestos al riesgo de perder la ayuda que les corresponde. Esos riesgos deben evaluarse anticipadamente y hay que adoptar medidas para minimizarlos, por ejemplo la supervisión de las distribuciones por personal calificado y la protección de los puntos de distribución por la propia población afectada. Si hace falta se puede pedir la colaboración de la policía local, que será informada sobre los objetivos de las distribuciones de alimentos. Una planificación cuidadosa de la disposición del centro de distribución contribuirá a facilitar el control de los flujos de personas y a reducir los riesgos de seguridad. Deben aplicarse medidas específicas para prevenir, supervisar y luchar contra la violencia de género, incluida la explotación sexual relacionada con la distribución de alimentos. Estas medidas comprenden separar a hombres y mujeres, por ejemplo, mediante una barrera física o proponiendo horarios de distribución distintos, informar a todos los equipos de distribución de alimentos sobre la conducta apropiada y las penas por abuso sexual, e incluir a mujeres “guardias” para supervisar la descarga, el registro, la distribución y el control posterior de la distribución de alimentos (véanse también la nota de orientación 5 y el principio de protección 2).
     
  7. Difusión de la información: se debe informar a los destinatarios de lo siguiente:
  1. Cambios en el programa: los cambios en la canasta de alimentos o en las cantidades de las raciones causados por la insuficiente disponibilidad de alimentos deben examinarse con los beneficiarios, por medio de comités de distribución, dirigentes comunitarios y organizaciones representativas. Es necesario decidir conjuntamente la forma de proceder antes de efectuar la distribución. El comité de distribución debe informar a las personas sobre los cambios y sus motivos, y sobre cuándo se reanudará la distribución de raciones normales. Pueden considerarse las opciones siguientes:

Si no es posible efectuar la distribución de la ración prevista, la diferencia no se compensará necesariamente en la siguiente distribución (es decir que el suministro retroactivo puede resultar inadecuado).

  1. Seguimiento y evaluación: esta labor se debe realizar a todos los niveles de la cadena de suministro hasta el punto de consumo (véase la norma esencial 5). En los puntos de distribución se verificará que se han adoptado las medidas oportunas para la distribución antes de su inicio (por ejemplo, registro, seguridad, difusión de la información). Se pesarán de forma aleatoria las raciones que se entregan a las familias para comprobar la precisión y equidad de la gestión de la distribución, y se harán entrevistas a los beneficiarios. Es conveniente realizar visitas aleatorias a los hogares, lo que permitirá determinar la aceptabilidad y utilidad de la ración, y también averiguar si hay personas que reúnen los criterios de selección pero no reciben alimentos. Con estas visitas se puede determinar también si los hogares están recibiendo otros alimentos, de dónde proceden, quién los utiliza y para qué (por ejemplo, si son resultado de apropiaciones, reclutamientos o explotación sexual o de otro tipo). En el marco del seguimiento se debe analizar las repercusiones de las distribuciones de alimentos en la seguridad de los beneficiarios, así como los efectos más amplios en el ciclo agrícola, las actividades agrícolas, las condiciones del mercado y la disponibilidad de insumos agrícolas.