Seleccione su idioma

Carta Humanitaria y normas mínimas para la respuesta humanitaria


Norma esencial 1: respuesta humanitaria centrada en las personas

La capacidad y las estrategias que desarrollan las personas para sobrevivir con dignidad son parte integrante del diseño y del enfoque de la respuesta humanitaria.

Acciones clave (deben leerse juntamente con las notas de orientación)

Indicadores clave (deben leerse juntamente con las notas de orientación)

Notas de orientación

  1. Capacidad local: las personas afectadas por el desastre poseen y adquieren competencias, conocimientos y capacidades para hacer frente y responder al desastre y reponerse de sus efectos. La participación activa en la respuesta humanitaria es un fundamento esencial del derecho de las personas a vivir con dignidad afirmado en los principios 6 y 7 del Código de conducta relativo al socorro en casos de desastre para el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y las organizaciones no gubernamentales (véase el anexo 2). Las iniciativas comunitarias y la autoayuda contribuyen al bienestar psicológico y social de las personas afectadas por el desastre, restaurando su dignidad y dándoles cierto grado de control sobre la situación. El acceso al apoyo social, financiero, cultural y emocional a través de la familia ampliada, las redes y rituales religiosos, los amigos, la escuela y las actividades comunitarias ayuda a recuperar la autoestima y la identidad de las personas y de las comunidades, reduce la vulnerabilidad y aumenta la resiliencia. Es preciso apoyar a las comunidades locales para poder identificar y, según el caso, reactivar o crear redes de apoyo y grupos de autoayuda. El grado y la manera en que las personas participan dependerán del tiempo transcurrido desde que ocurrió el desastre y de las circunstancias físicas, sociales y políticas. Por ende, los indicadores de participación deben seleccionarse en función del contexto y representar a toda la población afectada. Por lo general es la población local la primera que reacciona cuando se produce un desastre, y siempre es posible organizar alguna forma de participación incluso en una fase temprana de la respuesta. Los esfuerzos concretos que se realicen para escuchar, consultar e involucrar a las personas en una etapa temprana estarán orientados a mejorar más adelante la calidad del programa y la gestión de la comunidad.
     
  2. Los mecanismos de información de retorno proporcionan un medio para que todas las personas afectadas puedan influir sobre la planificación y la ejecución del programa (véase el parámetro para la norma HAP sobre participación). Incluyen grupos de discusión, encuestas, entrevistas y reuniones sobre las "lecciones aprendidas" con una muestra representativa de todos los sectores afectados (véanse las herramientas de ECB en la Guía Suficientemente Buena para Medición del Impacto y Rendición de Cuentas en las Emergencias y las notas de orientación 3-4). Las conclusiones y las acciones de la organización en respuesta a la información de retorno deben comunicarse sistemáticamente a la población afectada.
     
  3. Participación representativa: para lograr una participación equilibrada es fundamental comprender y superar los obstáculos que impiden la participación de diversas personas. Se deben tomar medidas para asegurar la participación de representantes de todos los grupos de personas afectadas (jóvenes y personas mayores, hombres y mujeres). Es necesario hacer un esfuerzo especial para incluir a las personas que no están bien representadas o que se encuentran marginadas (por ejemplo por motivos de etnia o religión) o que de otro modo son "invisibles" (por ejemplo, las personas confinadas en sus hogares o internadas en instituciones). Es importante promover la participación de los jóvenes y niños, siempre que sea por su propio bien, y tomar las medidas necesarias para que no se vean expuestos a abusos o daños.
     
  4. Transmisión de información: las personas tienen derecho a recibir información precisa y actualizada sobre las acciones que se emprenden en su nombre. Recibir información reduce la ansiedad y es un fundamento esencial de la responsabilidad y la implicación comunitarias. Las organizaciones deben transmitir como mínimo una descripción de su mandato y su(s) proyecto(s), los derechos de la población, y cuándo y dónde se puede recibir asistencia (véase el parámetro para la norma HAP sobre transmisión de información). Los medios más corrientes para transmitir esa información incluyen las carteleras, las reuniones públicas, las escuelas, los diarios y las emisiones radiofónicas. La información así comunicada debe poner de manifiesto que se comprende y toma en cuenta la situación de las personas; se utilizará la lengua o las lenguas locales y una variedad de medios apropiados para que la información sea accesible a todos los interesados. Por ejemplo, es necesario utilizar la comunicación oral o ilustraciones para los niños y los adultos que no saben leer, transmitir la información en un lenguaje sencillo (que pueda comprender la población de niños de doce años) y usar un tipo de letra grande si se imprime información para personas con deficiencias visuales. Las reuniones deben organizarse de modo que las personas de edad o las personas con problemas auditivos puedan oír.
     
  5. Espacios seguros y accesibles: ubicar los lugares de reunión para el público en zonas seguras y velar por que sean accesibles para las personas con movilidad reducida, e incluso para las mujeres cuyo acceso a eventos públicos esté restringido por las normas culturales. Ofrecer espacios apropiados para que los niños puedan jugar, aprender, relacionarse con otros niños y alcanzar su pleno desarrollo.
     
  6. Quejas: Las personas tienen derecho a formular una queja a una organización y recibir la correspondiente respuesta (véase la norma de referencia HAP sobre gestión de quejas). Los mecanismos oficiales para presentar quejas y obtener reparación son componentes esenciales de la rendición de cuentas ante la población y ayudan a las comunidades a recuperar el control de su vida.
     
  7. Las prácticas apropiadas desde el punto de vista cultural, tales como funerales y otras ceremonias y prácticas religiosas, suelen constituir un elemento esencial de la identidad, la dignidad y la capacidad de las personas para recuperarse de un desastre. Algunas prácticas aceptables en ciertas culturas (por ejemplo, la denegación del derecho de las niñas a la educación o la mutilación genital femenina) vulneran los derechos humanos y no deben apoyarse.