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Carta Humanitaria y normas mínimas para la respuesta humanitaria


Norma esencial 2: coordinación y colaboración

La respuesta humanitaria se planifica y se ejecuta en coordinación con las autoridades competentes, las organizaciones humanitarias y las organizaciones de la sociedad civil que realizan una acción humanitaria imparcial para lograr juntas eficiencia, cobertura y eficacia óptimas.

Acciones clave (deben leerse juntamente con las notas de orientación)

Indicadores clave (deben leerse juntamente con las notas de orientación)

Notas de orientación

  1. Coordinación de las respuestas: para lograr adecuada cobertura, cumplir los plazos previstos y obtener calidad, se requiere un esfuerzo concertado. La participación de los responsables de la coordinación en dichas actividades facilita una distribución oportuna y clara de tareas y responsabilidades, una evaluación de la atención colectiva de las necesidades, una reducción de la duplicación de esfuerzos y de las deficiencias en materia de cobertura y calidad. La coordinación de las respuestas, las oportunas evaluaciones entre organizaciones y el intercambio de información reducen las molestias a las personas afectadas de tener que responder una y otra vez a las mismas preguntas por parte de distintos equipos de evaluación. La colaboración y, cuando sea posible, la puesta a disposición recíproca de recursos y equipamientos optimizan la capacidad de las comunidades, de sus vecinos, los gobiernos receptores, los donantes y las organizaciones humanitarias con mandatos y competencias diferentes. La participación en los mecanismos de coordinación antes del desastre permite establecer relaciones y reforzar la coordinación durante la respuesta. Puede ocurrir que las organizaciones de la sociedad civil y las autoridades no participen en ellos si sólo las organizaciones internacionales los consideran útiles. Es primordial respetar el uso de la(s) lengua(s) local(es) en las reuniones y otras formas de comunicación común. Convendría identificar a los actores y las redes locales de la sociedad civil que participan en la respuesta e invitarles, junto con otras organizaciones humanitarias locales e internacionales, a sumarse a esta acción. Los representantes de las organizaciones humanitarias en las reuniones de coordinación deben disponer de la información pertinente, y tener las aptitudes y la autoridad necesarias para contribuir a la planificación y a la toma de decisiones.
     
  2. Mecanismos comunes de coordinación: incluyen reuniones generales (para todos los programas), sectoriales (por ejemplo, sobre salud) e intersectoriales (por ejemplo, sobre género), así como mecanismos de intercambio de información (como las bases de datos de las evaluaciones e información contextual). Las reuniones que agrupan a representantes de diferentes sectores permiten abordar las necesidades de la población afectada en conjunto y no individualmente (por ejemplo, el alojamiento, el agua, el saneamiento, la higiene y el apoyo psicosocial). El intercambio de información pertinente entre los mecanismos de coordinación es imprescindible para la coordinación integrada de todos los programas.
    En todas las situaciones que exijan coordinación, la calidad de los mecanismos de coordinación determinará el grado de compromiso de las organizaciones. Incumbe a los encargados de la coordinación velar por que las reuniones estén bien organizadas, sean informativas y eficaces y estén orientadas a la obtención de resultados. De no ser así, las organizaciones participantes deberán pedir que se mejoren los mecanismos y apoyarlos.
     
  3. Funciones de coordinación: incumbe al Estado afectado por un desastre coordinar las respuestas de las organizaciones humanitarias que desempeñan un papel esencial en apoyo a la función de coordinación del Estado. No obstante, en ciertas situaciones puede ser conveniente recurrir a otros mecanismos de coordinación, por ejemplo, cuando las autoridades estatales sean responsables de abusos y violaciones de derechos, su asistencia no sea imparcial, o si el Estado está dispuesto a asumir la coordinación pero no dispone de la capacidad necesaria. En tales situaciones, las reuniones de coordinación pueden ser dirigidas por las autoridades locales, o por éstas junto con las Naciones Unidas o las ONG. Las emergencias humanitarias de gran envergadura suelen coordinarse mediante el "enfoque por grupos temáticos", conforme al cual varias organizaciones trabajan en un mismo sector bajo la dirección de un organismo rector.
     
  4. El intercambio de datos será más eficaz si la información es fácil de utilizar (breve, clara, pertinente) y se ajusta a protocolos humanitarios mundiales técnicamente compatibles con los datos recabados por otras organizaciones (véase la norma esencial 3). La frecuencia con la que se intercambie la información dependerá de la organización y del contexto, sin olvidar que debe ser oportuna y pertinente. Se debe preservar el carácter confidencial de la información sensible. (véase las normas esenciales 3 y la norma esencial 4).
     
  5. Las fuerzas armadas y el sector privado: el sector privado y las fuerzas armadas nacionales y extranjeras participan cada vez más en la labor de socorro, lo que incide en los esfuerzos de coordinación. Las fuerzas armadas aportan conocimientos y recursos específicos, con respecto por ejemplo a la seguridad, a la logística, el transporte y la comunicación. Al mismo tiempo, sus actividades pueden hacer que sea menos clara la importante distinción entre los objetivos humanitarios y prioridades militares o políticas, creando así riesgos para la seguridad en el futuro. Toda asociación con las fuerzas armadas sólo puede concebirse al servicio de las organizaciones humanitarias y bajo su dirección conforme a directrices aprobadas. Algunas organizaciones humanitarias mantienen un diálogo mínimo para asegurar la eficiencia operativa (por ejemplo intercambio de información básica sobre el programa), mientras que otras pueden optar por mantener relaciones más estrechas (por ejemplo utilización de recursos militares). En todos los casos, las organizaciones humanitarias deben permanecer claramente diferenciadas de las fuerzas armadas, a fin de evitar cualquier asociación real o aparente con prioridades políticas o militares que pudieran comprometer su independencia, su credibilidad, su seguridad y su acceso a las poblaciones afectadas. Por su parte, el sector privado puede aportar a las organizaciones humanitarias eficiencia comercial, competencias y recursos complementarios. Se requiere intercambiar información para evitar la duplicación de esfuerzos y promover buenas prácticas humanitarias. Las asociaciones entre el sector privado y el sector humanitario deben perseguir objetivos estrictamente humanitarios.