Seleccione su idioma

Carta Humanitaria y normas mínimas para la respuesta humanitaria


Norma esencial 3: evaluación

Las necesidades prioritarias de las poblaciones afectadas por el desastre se determinan mediante una evaluación sistemática de la situación, de las amenazas que impiden vivir con dignidad y de la capacidad que tienen las personas afectadas y las autoridades competentes para tomar las medidas necesarias.

Acciones clave (deben leerse juntamente con las notas de orientación)

Indicadores clave (deben leerse juntamente con las notas de orientación)

Notas de orientación

  1. Información sobre la situación previa al desastre: la colaboración para reunir la información existente es valiosísima para la evaluación inicial y la evaluación rápida. En general existe una cantidad considerable de información sobre el contexto (por ejemplo, sobre el entorno político, social y económico, así como sobre la seguridad, los conflictos y el medio ambiente), pero también sobre las personas (sexo, edad, estado de salud, cultura, convicciones religiosas y nivel de educación). Las fuentes que pueden suministrar esta información abarcan los ministerios competentes (por ejemplo, datos de salud, datos del censo), las instituciones académicas y de investigación, las organizaciones comunitarias y las organizaciones humanitarias internacionales que se encontraban en el país antes del desastre. También las iniciativas de preparación para desastres y de alerta temprana, así como las nuevas tecnologías de cartografía basadas en Internet, la externalización y las plataformas de telefonía celular (como Ushahidi) han generado bases de datos que proveen información útil.
     
  2. Evaluaciones iniciales, que en general se llevan a cabo en las primeras horas que siguen a un desastre, pueden estar basadas casi totalmente en información indirecta y datos preexistentes. Son esenciales para establecer las necesidades de socorro inmediatas y deben realizarse y sus resultados deben transmitirse inmediatamente.
     
  3. Las etapas de la evaluación: la evaluación no es un acontecimiento único sino un proceso. La evaluación inicial y la evaluación rápida servirán de base para las evaluaciones pormenorizadas ulteriores, que profundizan (sin repetirlas) las conclusiones de las evaluaciones precedentes. Es necesario actuar con precaución, ya que las evaluaciones repetidas sobre cuestiones sensibles relacionadas con la protección, como la violencia de género, pueden causar más daño que beneficio a las comunidades y las personas.
     
  4. Desglose de datos: rara vez es posible desglosar los datos en un comienzo, pero es de capital importancia determinar las diferentes necesidades y los derechos de los niños y los adultos de todas las edades. En cuanto sea posible, habrá que seguir desglosando por sexo y por edad: 0-5 niños/niñas; 6-12 niños/niñas y 13-17 niños/niñas; luego en tramos de edad de 10 años, por ejemplo: 50-59 hombres/mujeres; 60-69 hombres/mujeres; 70-79 hombres/mujeres; 80+ hombres/mujeres. A diferencia de los tramos de edad definidos según el desarrollo fisiológico abordados en el capítulo de salud, estos grupos corresponden aquí a los diferentes derechos y aspectos sociales y culturales.
     
  5. Evaluaciones representativas: es importante que las evaluaciones de las necesidades cubran a todos los sectores de la población afectada por el desastre. Hay que realizar esfuerzos especiales para evaluar la situación de las personas que se encuentran en lugares de difícil acceso; por ejemplo, personas que no están en campamentos, que viven en zonas geográficas poco accesibles o que están alojadas con familias de acogida. Lo mismo se aplica a las personas que viven en condiciones menos accesibles pero que suelen estar expuestas a riesgos, como las personas con discapacidad, las personas de edad, las personas confinadas en sus hogares, los niños y los jóvenes, que pueden ser reclutados como niños soldados o que son víctimas de la violencia de género. Las fuentes primarias de información incluyen la observación directa, los grupos de discusión, las encuestas y las conversaciones con una amplia gama de personas y grupos (por ejemplo autoridades locales, líderes comunitarios de ambos sexos, personas de edad de ambos sexos, personal de salud, profesores y otros educadores, comerciantes, otras organizaciones humanitarias). A algunas personas puede resultarles difícil o peligroso hablar abiertamente. Hablar con los niños por separado, ya que es probable que les cueste expresarse delante de los adultos y, si lo hacen, pueden correr riesgos. En la mayoría de los casos también se aconseja consultar a las mujeres y las niñas por separado. Los trabajadores humanitarios encargados de recoger sistemáticamente información de personas que han sido maltratadas o violadas deben tener las aptitudes necesarias y disponer de sistemas que les permitan llevar a cabo su labor de manera correcta y segura. En las zonas de conflicto armado, puede ocurrir que la información se use de manera indebida, exponiendo a las personas a mayores riesgos o comprometiendo las posibilidades de actuar de la organización. Sólo se puede transmitir información sobre una persona a otras organizaciones humanitarias o a las instituciones pertinentes con el consentimiento de esa persona (véase el principio de protección 1). No es posible evaluar de inmediato a todas las personas afectadas: en el informe de evaluación se debe indicar claramente las zonas o los grupos que han sido excluidos, y se aprovechará la primera oportunidad para incluirlos.
     
  6. Evaluación de la vulnerabilidad: después de un desastre, los diversos grupos e individuos enfrentan riesgos diferentes. Algunas personas pueden ser vulnerables debido a factores individuales, como la edad (especialmente los muy jóvenes y los de edad muy avanzada) y la enfermedad (en particular las personas que viven con el VIH o el SIDA). Pero los factores individuales por sí solos no siempre aumentan el riesgo. Es necesario evaluar los factores sociales y contextuales que contribuyen a la vulnerabilidad, tales como la discriminación y la marginación (por ejemplo la condición de inferioridad y la falta de poder de mujeres y niñas), el aislamiento social, el deterioro ambiental, las variaciones climáticas, la pobreza, la falta de títulos de propiedad de tierras, el mal gobierno, la etnia, la clase o casta y la afiliación religiosa o política. Las evaluaciones pormenorizadas ulteriores deberán identificar las posibles amenazas para el futuro, como la modificación de los patrones de riesgo debido al deterioro ambiental (por ejemplo, la erosión del suelo, la deforestación) y el cambio climático y los fenómenos geológicos (por ejemplo, ciclones, inundaciones, sequías, desprendimientos de tierra y el aumento del nivel del mar).
     
  7. Recopilación de datos y listas de verificación: la información de las evaluaciones, incluida las cifras y los datos relativos a los movimientos de población, deberán verificarse, validarse y confirmarse mediante el mayor número de fuentes posible. Si en un comienzo no es posible realizar evaluaciones multisectoriales, se deberá velar por establecer un vínculo con otras evaluaciones por sector, condiciones de protección y transversales. Es importante indicar las fuentes de datos y los criterios de desglose; desde el inicio, hay que documentar la mortalidad y la morbilidad de los niños menores de cinco años. Existe un número considerable de listas de verificación para las evaluaciones, basadas en las normas humanitarias reconocidas (véanse las listas de verificación en los anexos de algunos de los capítulos técnicos). Las listas de verificación refuerzan la coherencia de los datos y facilitan el acceso a los datos por parte de otras organizaciones; garantizan que se han examinado todos los ámbitos clave y limitan la parcialidad de las organizaciones o las personas. Es posible que, antes del desastre o durante la respuesta, se haya convenido un modelo de evaluación para todas las organizaciones. En todo caso, las evaluaciones deben ser precisas en cuanto a los objetivos y las metodologías que han de utilizarse y generar información imparcial sobre las consecuencias de la crisis para las poblaciones afectadas. Es necesario utilizar una combinación de métodos cuantitativos y cualitativos adaptados al contexto. En la medida de lo posible, los equipos de evaluación deben estar integrados, por hombres y mujeres, con conocimientos generales y especializados, incluidas personas capacitadas para recabar datos sensibles desde la perspectiva de género, y conversar con los niños. Los equipos deben incluir también personas familiarizadas con la(s) lengua(s) locales y con el lugar, que sean capaces de comunicarse con la población de manera culturalmente aceptable.
     
  8. Evaluación de la capacidad: en general, las comunidades disponen de la capacidad para enfrentar las crisis y recuperarse de sus efectos (véase la norma esencial 1). Muchos de los mecanismos para enfrentar la situación son útiles y sostenibles, mientras que otros pueden resultar perjudiciales con consecuencias a largo plazo, como por ejemplo la venta de bienes o el consumo excesivo de alcohol. En las evaluaciones se debe determinar las estrategias que aumentan la resiliencia de las comunidades y las razones por las cuales se adoptan estrategias negativas.
     
  9. Evaluación de la seguridad: en todas las evaluaciones iniciales y subsiguientes es preciso evaluar la seguridad de bienes y personas afectados por el desastre, así como la de las comunidades de acogida, detectando las amenazas de violencia, cualquier forma de coacción y toda privación de los medios de subsistencia o de los derechos humanos fundamentales (véase el principio de protección 3).
     
  10. Intercambio de evaluaciones: los informes de evaluación suministran información valiosa a otras organizaciones humanitarias, aportan datos de referencia y acrecientan la transparencia de las decisiones que se toman en las respuestas. Independientemente del formato de los informes de evaluación de las distintas organizaciones, éstos deben ser claros y concisos, permitir a los usuarios definir las acciones prioritarias y describir su metodología para demostrar la fiabilidad de los datos y permitir un análisis comparativo.