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Carta Humanitaria y normas mínimas para la respuesta humanitaria


Norma esencial 4: diseño y respuesta

La respuesta humanitaria se realiza en función de las necesidades de la población afectada por el desastre tal como han sido evaluadas en relación con el contexto, los riesgos, la capacidad de la población afectada y del Estado para hacer frente a la crisis y superarla.

Acciones clave (deben leerse juntamente con las notas de orientación)

Indicadores clave (deben leerse juntamente con las notas de orientación)

Notas de orientación

  1. Apoyar la capacidad existente: incumbe ante todo al Estado brindar oportunamente protección y asistencia a las personas afectadas (véase la Carta Humanitaria, párrafo 2). Intervenir si la población afectada y/o el Estado no tienen suficiente capacidad para responder (en particular en la fase temprana de la respuesta), o si el Estado o las autoridades de control discriminan especialmente a ciertos grupos y/o zonas afectadas. En todo caso, la capacidad y las intenciones del Estado hacia todos los miembros de la población afectada determinarán la escala y el tipo de la respuesta humanitaria.
     
  2. Acceso: se presta asistencia a todas las personas necesitadas sin discriminación (véase el principio de protección 2). El acceso de las personas a la asistencia propuesta y su capacidad para utilizarla y beneficiarse de ella mejoran si se les brinda información oportuna y si el diseño del programa corresponde a sus necesidades específicas y a sus preocupaciones culturales y de seguridad (por ejemplo, filas de espera separadas para las personas de edad y las mujeres con niños que acuden a las distribuciones de alimentos). Los resultados son aún mejores si se hace participar en el diseño del programa a mujeres y hombres de todas las edades, así como a niñas y niños. También se mejora el acceso si se aplican criterios acertados para la selección de destinatarios y los procesos son bien divulgados, comprendidos por la comunidad y supervisados sistemáticamente. Las acciones descritas en los capítulos técnicos facilitan un acceso equitativo para todas las personas ya que se tiene en cuenta, por ejemplo, la ubicación de instalaciones de asistencia en zonas seguras, etc.
     
  3. El fundamento para vivir con dignidad es garantizar el acceso a los servicios básicos, la seguridad y el respeto de los derechos humanos (véase la Carta Humanitaria). Asimismo. la manera en que se realiza la respuesta humanitaria incide fuertemente en la dignidad y el bienestar de la población afectada por el desastre. Los programas con enfoques que respeten el valor intrínseco de las personas, afiancen su identidad religiosa y cultural, promuevan la autoayuda comunitaria y alienten las redes de apoyo social positivo, contribuyen al bienestar psicosocial y son un elemento esencial del derecho de las personas a vivir con dignidad.
     
  4. Contexto y vulnerabilidad: los factores sociales, políticos, culturales y económicos, las situaciones de conflicto armado y los factores ambientales pueden aumentar la vulnerabilidad de las personas a los desastres. Los cambios en el contexto pueden suscitar la vulnerabilidad de otras personas (véase la norma esencial 3).Varios factores pueden coincidir y afectar a las personas vulnerables (por ejemplo, las personas de edad que pertenecen a grupos étnicos marginados). Es necesario analizar la interacción de los factores personales y contextuales que elevan los riesgos y diseñar programas para abordar y mitigar dichos riesgos y atender a las necesidades de las personas vulnerables.
     
  5. Sensibilidad al conflicto: la asistencia humanitaria puede tener efectos negativos involuntarios. Los recursos de asistencia que son valiosos pueden fomentar la explotación y los abusos y suscitar la competencia, el uso o la apropiación indebidos de la ayuda. El hambre puede ser un arma de guerra (por ejemplo para despoblar deliberadamente una zona o forzar la transferencia de bienes). La ayuda puede afectar negativamente a la población en general y exacerbar las desigualdades en las relaciones de poder entre diferentes grupos, inclusive entre hombres y mujeres. Un análisis detenido y un diseño cuidadoso pueden limitar el riesgo de que la ayuda brindada agudice el conflicto y la inseguridad (incluso durante un desastre natural). Es importante diseñar los programas de manera que garanticen la distribución equitativa e imparcial de la asistencia. Hay que proteger la seguridad y la dignidad de las personas respetando la información personal confidencial. Por ejemplo, las personas que viven con el VIH y el SIDA pueden ser estigmatizadas. Y es necesario garantizar una asistencia segura y confidencial a los sobrevivientes de violaciones de derechos humanos (véase la norma esencial 3).
     
  6. Cumplir las normas mínimas de Esfera: el tiempo necesario para cumplir las normas mínimas dependerá del contexto: los recursos, el acceso, la inseguridad y las condiciones de vida en la zona antes del desastre. Pueden generarse tensiones si la población afectada alcanza condiciones de vida superiores a las de la población de acogida y/o la población en general, o incluso empeorar su situación. Es necesario elaborar estrategias para reducir las disparidades y los riesgos, por ejemplo, mitigando los efectos negativos de la respuesta en el medio ambiente y la economía y abogando por que se mejore la situación de la población de acogida. Siempre que sea posible, conviene hacer extensivo el alcance de la respuesta a la población de acogida.
     
  7. Recuperación inicialy reducción del riesgo: se promoverá la recuperación económica inicial y se reforzará la capacidad de las personas para manejar los riesgos una vez finalizada la ayuda externa implementando, lo antes posible, medidas destinadas a fortalecer la capacidad local, trabajar con recursos locales y restablecer los servicios, la educación, los mercados y los medios de subsistencia (véase la norma esencial 1). Es esencial que la respuesta humanitaria no perjudique la calidad de vida de las generaciones futuras, ni la ponga en peligro, e inadvertidamente contribuya a potenciar las amenazas del futuro (por ejemplo, propiciando la deforestación o el uso no sostenible de los recursos naturales). Una vez que se hayan neutralizado las amenazas inmediatas a la vida, analizar los (múltiples) peligros presentes y los peligros potenciales para el futuro (como por ejemplo los que entraña el cambio climático). Es necesario diseñar la respuesta de manera que se reduzca los riesgos futuros. Por ejemplo, durante la respuesta hay que aprovechar la oportunidad para invertir en la reducción del riesgo y la "reconstrucción más segura". Entre los ejemplos cabe destacar la construcción de edificios antisísmicos y resistentes a los huracanes, la protección de los humedales que absorben las marejadas de tormenta y el apoyo para elaborar políticas y promover iniciativas comunitarias de alerta temprana y preparación para desastres.